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Alan Moore contra los superhéroes

18 NOV 2019 / Cine

Alan Moore contra los superhéroes

"Estos libros y estos personajes icónicos siguen siendo los sueños supremacistas blancos de la raza maestra", dijo el autor en 2017.


Creo que el impacto de los superhéroes en la cultura popular es tremendamente vergonzoso y no un poco preocupante“. Con esas palabras, Alan Moore, escritor de cómics como Watchmen y V de Vendetta, se refirió al impacto de los héroes populares de los cómics en la cultura.

“Si bien estos personajes originalmente estaban perfectamente adaptados para estimular la imaginación de su audiencia de doce o trece años, el übermenschen franquiciado hoy, dirigido a una audiencia supuestamente adulta, parece estar cumpliendo algún tipo de función diferente y satisfaciendo diferentes necesidades“, agregó en una entrevista a Folha de São Paulo publicada en 2017.

Dichas palabras son relevantes de recuperar  porque su mayor obra, Watchmen, está siendo adaptada por HBO con una secuela, por lo que siempre es relevante recuperar las declaraciones sobre el genero que ayudó a redefinir, junto a historias como “La Broma Asesina” y “Para El Hombre que Lo Tenía Todo“.

La siguiente es el resto de su declaración.

Principalmente, las películas de superhéroes del mercado masivo parecen estar incitando a un público que no desea renunciar a su infancia relativamente tranquilizadora o el siglo XX relativamente tranquilizador.

La continua popularidad de estas películas para mí sugiere algún tipo de estado deliberado, autoimpuesto de detención emocional, combinado con una condición adormecedora de estasis cultural que se puede presenciar en los cómics, películas, música popular y, de hecho, en todo el espectro cultural.

Los propios superhéroes, en gran parte escritos y dibujados por creadores que nunca han defendido sus propios derechos contra las compañías que los emplean, y mucho menos los derechos de Jack Kirby o Jerry Siegel o Joe Schuster, parecen ser empleados en gran medida como compensadores de cobardía. Tal vez un poco como la pistola en la mesita de noche.

También quisiera señalar que, salvo por un puñado de personajes no blancos (y creadores no blancos), estos libros y estos personajes icónicos siguen siendo los sueños supremacistas blancos de la raza maestra. De hecho, creo que se puede hacer un buen argumento de que “El nacimiento de una nación” de D.W. Griffith fue la primera película estadounidense de superhéroes, y el punto de origen de todas esas capas y máscaras.

Y en ese sentido, ¿habrá Damon Lindelof leído esa declaración? Mal que mal, los choques raciones y la apropiación de supremacistas blancos está en el foco de la historia del Watchmen de HBO.

Por otro lado, y considerando las declaraciones de Martin Scorsese sobre las películas de Marvel Studios, también es necesario recalcar que las palabras de Moore hace rato vienen siendo mucho más duras sobre todo el género.

En 2014, en conversación con el escritor Pádraig Ó Méalóid, Moore sostuvo que: “los superhéroes son una catástrofe cultural”.

Para mí, abrazar lo que son sin ambages personajes infantiles de mediados del siglo XX indica una retirada de las abrumadoras complejidades de la existencia moderna. Me parece que una parte muy significativa del público, renunciando a comprender el mundo en el que viven, ha razonado que sí puede entender los vastos, vacuos, pero al menos ‘finitos’ universos presentes en Marvel o DC Comics. Me gustaría indicar también que esto es potencialmente catastrófico, pues nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural y negándose a permitir que esta era sin precedentes desarrolle una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren”, expresó.

Y, en cuanto a las películas de superhéroes, Moore sostuvo que era “preocupante” que “el público de las películas de superhéroes esté ahora prácticamente compuesto por adultos, hombres y mujeres en sus 30, 40 o 50 que se apuntan ansiosamente a ver personajes expresamente creados hace medio siglo para entretener a chavales de doce a quince años”.

 

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