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Las loot boxes llegaron al juego para celulares de Animal Crossing

17 ABR 2018 / Videojuegos

Las loot boxes llegaron al juego para celulares de Animal Crossing

La última actualización de Animal Crossing: Pocket Camp trajo la inevitable llegada del modelo de negocios más polémico del último tiempo.


Finalmente la avaricia pudo más y Nintendo cayó en la tentación de explorar el mundo de las polémicas cajas de botín, utilizando una de sus franquicias más populares y amigables: Animal Crossing.

En particular, hablamos de Animal Crossing Pocket Camp, cuya última actualización incorporó una nueva opción llamada Galletas de la Fortuna, una forma muy tierna y dulce de esconder la realidad: las loot boxes llegaron al juego y para quedarse.

Hasta ahora, todo el contenido de del juego podía adquirirse, con harto esfuerzo, pero de manera gratuita, y las microtransacciones servían para acelerar estos procesos, o bien, para contar con otros cambios cosméticos como nuevos fondos de pantalla o sets exclusivos.

Pero ahora, muchos de los nuevos sets de ropa, muebles y decoraciones se esconden detrás de estas galletas que pueden adquirirse con dinero real. Hay tres tipos de galletas: dos de ellas cuestan 500 o 5000 Bells (la moneda del juego) pero los artículos más codiciados están en las galletas que se compran con Leaf Tickets, la moneda real del juego que cuesta mucho adquirir a través del juego.

Cada galleta cuesta 50 Leaf Tickets, y lo peor de todo es que la compra de ellos viene con una trampa: estos tickets se venden en paquetes, en los que vienen 45 tickets por 2 dólares. Como pueden ver, ese pack no alcanza para ni siquiera una galleta, así que hay que pasar a la siguiente categoría: 100 tickets por 4 dólares, para asegurarse dos galletas.

Y además, puede que en ambas te salga un item premium, pero duplicado, porque sabemos que acá lo que manda es el azar.

Los usuarios del juego ya están reclamando por esta mala movida, que vuelve a demostrar que tan malvadas como las lootboxes son las implementaciones que hacen los diseñadores para tratar de estrujar nuestras billeteras.

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