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Assassin’s Creed: Una nueva decepción basada en videojuegos

11 ENE 2017 / Cine

Assassin’s Creed: Una nueva decepción basada en videojuegos

Ni siquiera todo el empeño de Michael Fassbender alcanzan para elevar una mediocre adaptación que falla en lo habitual: la historia.


Que no decepcione. Menos sea un fiasco. Esas son ideas recurrentes a la hora de enfrentarse a cada adaptación cinematográfica basada en un videojuego. Esa es una postura que se ha instalado, a grades rasgos, porque en el cerebro está marcado un gran prejuicio: este tipo de películas siempre han sido malas.

Si en un extremo están el bodrio de Super Mario Bros. o las obras del nefasto director Uwe Boll, en el otro lado no hay mucho que destacar. Ahí está Silent Hill. Quizás, siendo generoso, aquella obra basada en el sangriento Mortal Kombat. Pero lo claro es que aún esperamos que una película de videojuegos realmente valga la pena.

En ese escenario llega a los cines Assassin’s Creed, la adaptación basada en la popular saga creada por Ubisoft y que proponía en el papel, tal como la reciente versión de Warcraft, un espectáculo de primer nivel con todos los recursos de Hollywood a su disposición.

Pero ni tener a una estrella como Michael Fassbender en el rol protagónico, ni un director como Justin Kurzel, que demostró gran talento visual con su versión de Macbeth, o efectos digitales de primer nivel, logran sostener a una película que comete el más clásico error de este tipo de adaptaciones: su relato deja mucho que desear.

Los videojuegos tienen características imposibles de replicar en el cine, especialmente en lo que concierne a la interacción que tiene cada jugador a la hora de acercarse al personaje que controla y el entorno de su interfaz. En el traspaso a la pantalla grande, los realizadores han buscado replicar elementos visuales que acerquen a  la sensación de inmersión que existe cuando uno protagoniza una historia de este tipo con un joystiq. Pero ese es un gran error, ya que se olvidan del potencial del lenguaje cinematográfico para crear una experiencia distinta que solo tenga de guía seguir el espíritu del juego.

Pero mientras los videojuegos están definidos por los elementos de programación que dejan seguir la historia de una sola forma, por mucho que existan decenas de rutas programadas en el camino, el cine da pie a que cada persona tenga distintas experiencias e interpretaciones sobre un mismo producto. Por eso es arte y los videojuegos solo generan debate al respecto.

Por eso el gran desafío en este tipo de adaptaciones radica en la narrativa, en la forma en la que un equipo creativo intenta rescatar la esencia de un videojuego, tanto en términos narrativos como visuales.

Pero si Assassin’s Creed, el juego, siempre se ha caracterizado por el control sobre el terreno, las piruetas, la acción de sigilo, la película carece de algo que la defina y carece de equilibrio entre el show visual y su historia. Sí, están los trajes, también “los saltos de fe” e inclusive la acción de combate en un rico entorno visual que rescata un período histórico, pero la propuesta se siente vacía.

De ahí que Assassin’s Creed es, a grandes rasgos, un gran ejemplo respecto al por qué este tipo de películas siguen sin funcionar.

En la historia de esta versión para la pantalla grande de Assassin’s Creed, nos presentan la dinámica clásica del videojuego. Callum Lynch (Fassbender) se ve involucrado en una confabulación que lo lleva a ser el conejillo de corporación, llamada la Fundación Abstergo. Esta organización busca desenterrar un secreto a partir de la memoria genética que corre por las venas de este protagonista sentenciado a morir por inyección letal.

El conflicto principal radica en que Lynch, quien es dado por muerto y rescatado por la fundación, está ligado a Aguilar de Nerha, un miembro de la Hermandad de Asesinos que en plena Inquisición Española se enfrenta a la Orden de los Templarios.

La fundación, de este modo, es una mera fachada, ya que está ligada en el presente a la antigua orden y su objetivo es hacerse de la Manzana del Eden, un macguffin que contiene el código genético del libre albedrío y cuya locación puede ser desenterrada gracias a los recuerdos a los que Lynch puede acceder gracias al “Proyecto Animus”. Este último es un avance tecnológico que permite revivir los pasos que concretó Aguilar hace más de 500 años.  Sí, es fácil perderse siguiendo los puntos base de su historia.

A favor de Assasin’s Creed está el hecho de que se esfuerza por rescatar ideas bases que caracterizan a la saga, cortesía de una propuesta visual que pocas veces se ha visto en este tipo de producciones. Por eso nadie puede decir que es una película pobre.

Pero lo ridículo de su historia, los giros sin motivación y las conexiones a pito de nada entre sus personajes a partir de una conspiración mal contada, empantanan a un producto que busca hacer algo más que lo que habitualmente está presente en la típica mala película basada en videojuegos.

Aún así, Assassin’s Creed está en el extremo relativamente competente de este tipo de adaptaciones, lo que de por si es un ejemplo más de lo mal que han hecho este tipo de producciones en el pasado.

Si bien la recreación de época le sube los bonos, y el parkour de sus secuencias de acción es lo más destacado, el potencial de la película lamentablemente hace bajar los brazos. Tenían todo para lograrlo, con un elenco de secundarios que incluye a Marion Cotillard y Jeremy Irons, pero aún así nos enfrentamos a una película que no es competente.

De este modo, Assassin’s Creed es la gota que rebalsó el vaso, ya que no hay espacio alguno para seguir haciéndose expectativas con este tipo de producciones. Fallaron con las películas realizadas con el vuelto del pan y, tras Warcraft y esta adaptación, también con aquellas con todo el presupuesto necesario.

Si alguna vez hacen una película basada en videojuegos que valga la pena, al parecer, será de puro y simple chiripazo.

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