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Los cachorros radioactivos de Chernobyl

7 JUN 2019 / Actualidad

Los cachorros radioactivos de Chernobyl

En la Zona de Exclusión habitan más de 300 perros, descendientes de aquellos que fueron dejados atrás tras la catástrofe de 1986.


Cuando el desastre de la planta nuclear de Chernobyl forzó a miles de personas a evacuar Pripyat y la propia Chernobyl en abril de 1986, las autoridades les indicaron que no podían llevar consigo a sus mascotas porque estas habían sido afectadas por la radiación.

Según recoge Voces de Chernobyl (vía Bustle) el libro Svetlana Alexievich que recolectó los relatos más de quinientas personas que fueron testigos del desastre; perros, gatos y otros animales tuvieron que ser dejados atrás mientras sus dueños abordaban los buses para dejar la zona afectada, lo que propició escenas verdaderamente desgarradoras.

“Los gatos miraban a los ojos de las personas, sus perros aullaban, intentaban subirse a los autobuses. Mestizos, alsacianos. Los soldados los empujaban de nuevo, los pateaban. Corrieron detrás de los autobuses por mucho tiempo”, señala el libro y, si ya vieron la miniserie Chernobyl, de seguro recordarán un momento parecido.

Las familias que tuvieron que abandonar las cercanías de la planta nuclear se fueron con la esperanza de volver algún día a sus hogares y eventualmente reconcentrarse con sus mascotas. No obstante, hasta el día de hoy los niveles de radiación mantienen a la Zona de Exclusión como un territorio no apto para la vida humana.

Pero en su minuto los habitantes de Chernobyl  no sabían esto, y dejaron notas en sus puertas pidiendo que no mataran a sus mascotas, además de abastecerlas con agua y comida para algún tiempo. Sin embargo, las ordenes eran otras.

Cómo se vio en la serie, y también recoge Voces de Chernobyl, las autoridades enviaron “escuadrones de liquidación” a la zona con la orden de matar a los animales allí presentes por el miedo de que huyesen llevando consigo la radiación.

“Los perros corrían cerca de sus casas, cuidando, esperando que la gente regresara”, señala uno de los denominados ‘liquidadores’ en el libro. “Estaban emocionados de vernos, vinieron corriendo a una voz humana. Nos dieron la bienvenida. Les disparamos en las casas, los graneros, los huertos. Luego los arrastramos y los cargamos en los camiones basculantes. No fue agradable, por supuesto. No podían entender por qué los estábamos matando”.

Sin embargo, no todos los perros murieron.

Foto cortesía de Clean Futures Fund.

Los perros que lograron sobrevivir aprendieron a vivir en este territorio inhóspito, buscando comida en los poblados abandonados y en los bosques aledaños, además de interactuar con los trabajadores que estaban construyendo el primer sarcófago sobre la planta nuclear.

Así, muchos lograron subsistir lo suficiente para reproducirse y hoy, a más de 30 años de la falla en el reactor cuatro, aproximadamente 300 de sus descendientes habitan la denominada Zona de Exclusión.

Por supuesto, la vida en uno de los lugares más contaminados del mundo no es fácil para estos animales. Ante todo deben soportar el curdo invierno ucraniano sin refugios apropiados, están expuestos a los depredadores presentes en el área y, sobretodo, deambulan por un lugar donde los niveles de radiación en el ambiente amenazan sus expectativas de vida. De hecho, es muy raro que los perros de Chernobyl vivan más de 4 o 6 años.

No obstante, cualquiera que conozca a un perro sabe que estos animales pueden hacer lo mejor del peor escenario.

Como han documentado varios reportajes de la zona, los perros de Chernobyl son como cualquier otro y, como en su mayoría son cachorros o perros jóvenes, se caracterizan por ser juguetones.

Por ejemplo un artículo de The Guardian cuenta que un perro llamado Tarzan frecuentemente juega con palos y bolas de nieve junto a Igor, un guía turístico de la zona.

En ese sentido, los perros han aprendido a acercarse a los humanos para obtener comida, por lo que muchas veces llegan moviendo sus colitas a recibir a los visitantes. Un hecho que ha propiciado varios rumores.

Como los perros habitan en una zona contaminada, muchos tienden a creer que son “radioactivos”, pero en realidad eso es un error. Estos animales no cuentan con nada extraño en ellos y, como aclaran los responsables de cuidarlos, la potencial radioactividad podría estar presente en su pelaje por el simple contacto con un entorno contaminado. Algo que, en la mayoría de los casos, se puede resolver.

En esa línea es verdad que, como recoge el documental corto “The Puppies of Chernobyl” de Drew Scanlon, los guías recomiendan a los visitantes que no toquen a los perros mientras se encuentren en la Zona de Exclusión, ya que en esa instancia no hay cómo saber cuales animales ya fueron revisados por radiación y cuales no. Es decir, es una medida preventiva pero no significa que nadie pueda acercarse a ellos.

Así que no se preocupen, porque los perros de Chernobyl sí reciben cariño pero por parte de los voluntarios de Clean Futures Fund (CFF), una organización estadounidense sin fines de lucro que estableció tres clínicas veterinarias en el área.

Foto cortesía de SPCA.

CFF tiene como misión vacunar y esterilizar a los canes que habitan en este lugar con el fin de evitar que su población continué creciendo y ofrecerles la mejor vida posible dentro de sus condiciones.

Para concretar ese objetivo, la organización captura los perros ya sea en el bosque o en los poblados y los someten a una análisis de radiación. Así, una vez que constan que el contacto con humanos es seguro, proceden a tratarlos.

Según recoge BuzzFeed, en esa etapa del proceso los científicos toman muestras de sangre para estudiar la salud de los canes. Mientras que los veterinarios operan cuando es necesario y, en todos los casos los perros son limpiados, marcados y vacunados contra la rabia, parvovirus, moquillo y hepatitis.

De hecho, en algunos casos los perros han recibido collares especiales equipados con sensores de radiación y receptores GPS para mapear los niveles de radiación en toda la zona.

Foto cortesía de Clean Futures Fund.

Pero ¿Qué pasa con los perros después de que son tratados? Hasta 2018 estaba prohibido que estos animales salieran de la Zona de Exclusión por lo que, más allá que los trabajadores del lugar los adoptaran de manera informal, luego de ser atendidos eran dejados donde fueron encontrados. No obstante, ese panorama cambió.

Ahora con la ayuda de SPCA International y permiso gubernamental, en abril de 2018, CFF puso en adopción para Estados Unidos y Canadá a más de 40 cachorros de Chernobyl.

Antes de ser puestos en adopción estos perritos fueron examinados a fondo y su pelaje fue limpiado de cualquier polvo radioactivo. De hecho, como ahora sucede con todos los cachorros, luego de ser atenidos fueron llevados a los establos de caballos en Slavutych, una ciudad ubicada en las afueras de la Zona de Exclusión donde viven los trabajadores y voluntarios que realizan labores en la Zona de Exclusión.

“Sabemos todo sobre ellos”, contó a BuzzFeed Natalia Melnichuk, la encargada de cuidar a los cachorros. “Conocemos cada punto en su piel, conocemos cada actitud, conocemos cada aspecto. Incluso podemos decir ahora, de un vistazo, si el perro no se siente bien o si algo la preocupa”.

Foto cortesía de SPCA.

Por lo tanto los cachorros no representaban ningún tipo de peligro más allá de la amenaza inminente que son todos los perritos para los zapatos. Por lo que, dos meses después de ser capturados, 14 cachorros de Chernobyl llegaron a Estados Unidos para reunirse con sus nuevas familias.

Ahora, aún año de ese momento, dichos perritos ya crecidos viven felices con sus nuevos amos e incluso algunos se han hecho famosos en internet por su origen.

CFF tiene un plan de cinco años para ayudar a la población canina de la Zona de Exclusión de Chernobyl, el cual implica que a futuro habrán más cachorros en busca de un hogar, quienes solo necesitan un poco de amor.

“La mayor consideración debe ser con el hecho de que estos perros no han tenido una verdadera socialización antes de venir a nuestro refugio”, explicó el fundador de CFF, Lucas Hixson, a Vice. “No entienden el concepto de un juguete, las únicas cosas con las que les gusta jugar son los palos y las cosas para comer. Hemos desarrollado un programa de entrenamiento especial para los cachorros mientras están en el refugio de adopción, pero es probable que todavía lo hagan. Necesitan un poco de amor extra para alcanzar su máximo potencial”.

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