*

La vida salvaje en Chernobyl después del desastre

7 JUN 2019 / Ciencia

La vida salvaje en Chernobyl después del desastre

La comunidad científica aún debate respecto a si en los últimos años los animales han retomado este lugar. Pero algo esta claro, el peligro sigue allí.


Cuando el 26 de abril de 1986 explotó la planta nuclear de Chernobyl, las ciudades de Prypiat y Chernobyl no solo se convirtieron en el escenario del peor desastre de este tipo en la historia de la humanidad, sino que – por las circunstancias más trágicas – se gestaron consecuencias que hasta el día de hoy mantienen dividida a la comunidad científica.

Tras el accidente, las autoridades establecieron la denominada Zona de alienación, que es un área de exclusión de 30 km en torno a la vieja planta nuclear que hoy está contenida por un sarcófago de concreto. El objetivo de esta zona, desde donde fueron evacuadas 300 mil personas, por supuesto era alejar a los residentes y potenciales visitantes de la radiación. Pero al mismo tiempo propició lo que muchos tachan como una muestra en tiempo real de cómo sería el mundo sin humanos.

Claro, la zona aún está afectada por la radiación, pero tampoco cuenta con la presencia muchas veces nociva de nuestra especie. Lo que, de acuerdo algunos estudios, ha propiciado que los animales y la vida vegetal vuelvan ese lugar. Después de todo, una gran amenaza no está presente allí.

Evidentemente, plantear que la vida animal y vegetal ha prosperado en una de las zonas más contaminadas del mundo es por lo menos llamativo, pero habría evidencia para respaldar estas afirmaciones.

Por ejemplo, un estudio comandado por Jim Beasley del Laboratorio de Ecología del Río Savannah de la Universidad de Georgia, identificó tras cinco semanas en la Zona de alienación la presencia de 1 bisonte, 21 jabalíes, 9 tejones, 26 lobos grises, 60 tanuki (o perros mapaches) y 10 zorros rojos.

“Es simplemente increíble. No puedes ir a ningún lado sin ver lobos”, comentó Beasley a National Geographic en 2016.

Beasley y su equipo lograron realizar este conteo utilizando “estaciones de olor”, que básicamente son cebos con ácidos grasos que a los animales les gusta oler. Así, cuando un animal se acerca a estos dispositivos, su presencia activa una cámara que captura la imagen para probar de manera definitiva su presencia.

Resultado de imagen para pack of gray wolves passes by a remote camera within the Chernobyl Exclusion Zone.

Sin embargo, pese al respaldo fotográfico y estudios que plantean que especies como los osos pardos o el casi extinto caballo Przewalski– que fue introducido en ese lugar- recolonizaron la Zona de Exclusión, otros investigadores no son optimistas respecto a este contaminado panorama sin humanos.

Los primeros estudios de aves e invertebrados en Chernobyl mostraron una disminución de la población. Algo que más adelante se comprobó que también se había replicado y mantenido con los grandes mamíferos.

“Si va a las áreas más contaminadas, como algunos sitios en el Bosque Rojo, en un día de primavera, apenas puede escuchar el canto de un solo pájaro”, explicó a WIRED Anders Møller, ecólogo de la Universidad de París, quien ha estado estudiando Chernobyl desde 1991. “Te apuesto a que si vamos juntos a la Zona de Exclusión, podré decirte el nivel de radiación por la actividad vocal de las aves”.

El Bosque Rojo es un lugar ubicado a aproximadamente 10 km de planta nuclear y recibió su nombre por el color rojizo y amarillento que tomaron sus árboles tras el accidente. En ese sentido, aquel sitio es considerado como uno de los más contaminados, y por ende un medidor clave del estado de este sitio.

Møller también planteó que en sus investigaciones ha visto el impacto negativo de la radiación ionizante en organismos que viven libres en la Zona de Exclusión, porque el eventual aumento en la presencia de animales no significa que este terreno sea seguro.

Así, junto con su colaborador Timothy Mousseau, Møller detectó que los ratones que viven allí tienen tasas más altas de cataratas, las poblaciones de bacterias útiles en las alas de las aves en la zona son más bajas. Mientras que las golondrinas tienen albinismo parcial y los cucos se han vuelto menos comunes.

En ese sentido, tanto Møller como Beasley coinciden que la radiación sigue siendo una amenaza para cualquier forma de vida en Chernobyl. Y aunque las mutaciones graves ocurrieron justo después del accidente, y probablemente nada podría ser peor que aquello, los efectos a largo plazo en estos seres vivos son desconocidos.

“Estos animales en Chernobyl y Fukushima viven las 24 horas del día en estos sitios contaminados. Incluso si la dosis real durante una hora no es extremadamente alta, después de una semana o después de un mes, suma mucho. Estos efectos están ciertamente en un nivel en el que se podrían ver consecuencias dramáticas”, añadió Møller.

Resultado de imagen para The Przewalski's horse nearly went extinct, but in an effort to save the species it was introduced into the area around Chernobyl in 1998 and to other reserves worldwide. Without humans living in the area, the horse population has been increasing.

Pero ¿Por qué no existe un consenso sobre la presencia de vida salvaje en Chernobyl? Las razones principales pasarían por los distintos métodos de investigación empleados por los equipos científicos y las propias variables de un lugar que es único en su tipo.

Por ejemplo, además de todas las particularidades de la zona, en el Bosque Rojo las coníferas que murieron fueron reemplazadas por árboles de hoja caduca que podrían tolerar mejor la radiación, pero su corteza es menos ácida, lo que cambió a los microorganismos que viven en ella.

“Has cambiado el ecosistema”, explicó Beasley. “No es sólo la radiación. Hay factores de confusión”.

De todos modos, Beasley se aventura a especular que parte de las discrepancias podrían pasar por los ciclos de vida de los animales ya que, si bien estos podrían haber disminuido su presencia en la zona tras el accidente, se reproducirían tan rápido que hasta las tazas de mortalidad se verían eclipsadas.

“Si el 10 por ciento de la población se vio afectada por algo, y no estoy diciendo que lo sea, pero si lo fuera, en la mayoría de las situaciones, eso no sería suficiente para causar una disminución”, plantea Beasley en un estudio de 2015. “Un nivel muy bajo de mortalidad no sería suficiente para manifestarse en una respuesta a nivel de la población”.

“La mayoría de los animales mueren en sus primeros meses de vida, y aquellos que llegan a la edad adulta, la mayoría no viven más de varios años. El cáncer es a menudo un tipo de cosa de mucho desarrollo”, añadió.

Por ahora, no hay certezas en ninguno de estos planteamientos pero algo está claro, con o sin consenso respecto a si Chernobyl es un potencial paraíso para la vida salvaje o simplemente una amenaza latente para estos animales; la idea de una zona libre de humanos con niveles de radiación únicos continuará siendo objeto de estudio intrigante por muchos años más.

Seguir leyendo