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#Crónicas Lechonas: Una noche con la empanada definitiva

12 SEP 2017 / Reseñas

#Crónicas Lechonas: Una noche con la empanada definitiva

La última invención del Capicúa es el perfecto resumen de todos los sabores que identifican a nuestras fiestas patrias en un contundente pero costoso plato

Odio pelear por comida. Una cosa es tener opiniones sobre si nos gusta o no la pizza con piña, si hay que decir pan batido o marraqueta o si el ketchup en las papas se coloca encima o al costado. Pero otra muy distinta es pretender que tu opinión sea la superior y que ninguna otra valga la pena. Se le echa muchas veces la culpa a Internet de este fenómeno, pero en realidad siempre ha pasado y no solo con la comida.

Uno de esos debates es sobre uno de los platos tradicionales de la cocina criolla: la empanada. Más en específico, la empanada de pino, esa que si bien está disponible para todos nosotros los 365 días del año, parecieran volverse más apetitosas y necesarias para nuestras fiestas patrias. El debate en cuestión ha sido siempre si la empanada de pino debe o no llevar pasas, como si una pasita fuera a arruinar la experiencia completa de un pino jugoso y una masa calientita.

Pero cada cierto tiempo llega algo que hace que el debate se dispare, que se vaya a otro lado y que de lo mismo. Una preparación cuyo principal mérito no es solo ser deliciosa, sino que llevarnos al consenso de que realmente se trata de un producto que todos pueden disfrutar. Y en esta ocasión se trata del Sandwich Empanada de Capicúa, la sanguchería gourmet ubicada en Manuel Montt y que orgullosamente se declara como la segunda mejor sanguchería de Chile, según el ranking de Cookings.

Esto convertiría a Capicúa en una suerte de Universidad Católica de los sandwichs capitalinos, pero que eso no te desanime, ya que se trata de un local que ya lleva bastante tiempo en el rubro y con una propuesta bastante innovadora, sobre todo por los ingredientes de sus platos. La carta de Capicúa está inspirada en las diferentes regiones de Chile, con una oferta que va desde la mechada de Cabrito, pasando por el Arrollado de Huaso y terminando con Cordero Asado.

Es muy difícil encontrar algo que no te guste, sobre todo por la variedad de preparaciones que tiene.

Pero para hacerlo más sencillo, esta vez te recomendamos ir al local, sentarte pedir el Sandwich de Empanada, algo que puede ser redundante considerando que para algunos, la empanada ya podría ser considerada un Sandwich. O más bien, una masa rellena.

Te lo recomendamos por dos razones: porque solo estará disponible durante el mes de septiembre y porque es endemoniadamente rico.

Nos sentamos en una de las mesas de afuera, con un toldito y una estufa. Lo que originalmente era una cita para dos con mi amigo Cristián, finalmente se volvió en una para tres, ya que trajo a un amigo. Mientras más, mejor, obvio. Aprovechamos el momento para discutir sobre si las empanadas debían llevar pasas o no. La mayoría de la mesa dijo que si, en un contundente 2-1.

El día que fuimos a Capicúa fue el mismo día que Chile perdió con Bolivia y complicó su clasificación al mundial. Casi me cancelan la cita, pero yo iba a ir igual. No por mi compromiso con traerles estas crónicas sino que porque hay que entender que para ser feliz no hay que colocar todos lo huevos en la misma canasta. ¿Cómo iba a estar triste sabiendo que horas después de terminado el partido iba a estar compartiendo un sandwich con uno de mis amigos? Por suerte mi felicidad siempre ha dependido más de lo que cae en mi estómago que de lo que veo en TV.

Y cómo no iba a estar feliz cuando luego de un rato llegó esto a la mesa. El mítico Sandwich Empanada. Puede parecer como un sandwich normal con masa de empanada en vez de pancito, pero no. Se trata de una genialidad que mezcla en una sola preparación, todos los sabores que nos recuerdan al 18. Es casi como hacer trampa, como leer el resumen de un libro que de alguna manera, igual te deja satisfecho al final.

La masa es de empanada, obvio, pero la carne es en realidad una croqueta de pino, viene con huevo, pebre de albahaca, una reducción de chicha que vendría siendo la salsa de esta magia y lechuga porque, bueno, algo tenía que hacer que esto pareciera sandwich, ¿no?.

Lo increíble del plato es que con cada bocado, uno siente esa mezcla de sabores que por algún motivo solo nos reservamos para dos días del año. El único que me faltó fue el del choripán, aunque con el pebre algo se recordaba. Cada mordida significaba al menos una sonrisa y una jugada menos mala de la selección. Al haber terminado el plato, y su contundente porción de papas fritas, no sólo estábamos satisfechos sino que ya daba lo mismo pensar en Rusia 2018.

Bueno, hablo por mi, no por Cristián, a quien el fútbol le sigue importando más.

Pero el punto es que, por al menos unos minutos, pudimos sentir que estábamos en pleno 18, y esa es quizás la mayor gracias del Sandwich Empanada. Es quizás el momento más Ratatouille que he tenido en el año, y quizás por eso no puedo hacer nada más que recomendarla. Pidan la salsa de Ajo chilote o la de aceitunas para que el efecto sea aun más grande.

Pero nada es perfecto en este mundo, así que ahora voy a ir con los dos puntos que hay que tomar en cuenta: el primero es el precio. Si bien está ajustado al resto de la carta y a la oferta del lugar, 6.200 pesos puede sonar mucho si pensamos que es una empanada, pero no tanto si lo vemos como un sandwich gourmet, que es lo que realmente es. En realidad el precio no es lo malo, sino que la cantidad de veces a la que podríamos tenerle acceso. Es algo que probablemente comería más de una vez al mes si mis cuentas no dependieran de ello.

Y lo segundo es el timing, ya que como dije anteriormente, este sandwich estará disponible solo durante septiembre. Y no es por estar en contra de los productos limitados, sino que me gustaría tener este sabor disponible en diciembre, cuando todos compran pavo, en abril cuando a todos les vuelve loco el pescado o en octubre, para pasar el sabor de los dulces de Halloween.

Se pierde el sentido de recordar el 18 cuando estás en el mismo mes del 18. En una semana más estaremos chatos de tanta empanada, asado y chicha que correrá por nuestro cuerpo, y sería mucho más lindo poder llegar en cualquier otro momento del año y decir “quiero una tajada de 18 por favor”. Y la forma más fácil de hacer eso, sin tener que ensuciarse con el carbón, trozar los pollos o correteando a los perros y los niños de la parrilla sería con este sandwich.

Pero bueno, quien es uno para convencer a una tienda de cambiar su carta si ni siquiera puedo convencer a mis amigos de que comas empanadas con pasas.

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