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Defendiendo al villano: La Caparazón Azul

23 AGO 2017 / Nostalgia Pop

Defendiendo al villano: La Caparazón Azul

Desde hace 21 años, una caparazón con espinas se ha convertido en el item más controvertido del universo de Mario Kart. Pero ¿es en realidad tan injusto?

Si pudiera hacerse un conteo sobre la cantidad de insultos, garabatos e improperios que se han generado en el mundo por parte de un videojuego, la Caparazón Azul del universo de Mario Kart debe ser por lejos la que mayor daño le ha causado al mundo.

Nunca un simple item de un juego creado para la familia ha roto tantas amistades, tantos controles y tanto autoestima como esta diabólica creación de Nintendo. Desde su debut en Mario Kart 64, la caparazón azul se ha dedicado a castigar a los primeros lugares en todos los juegos de la franquicia, siendo sólo el original Super Mario Kart, el único que se mantendrá por siempre intacto frente a las acciones de este oscuro elemento.

A lo largo del tiempo, la caparazón azul se ha ido modificando en técnicas y poderes: en sus primeras dos versiones la maldita concha viajaba por el piso e incluso podía chocar con algún obstáculo y perderse. Pero desde Mario Kart Double Dash, esta arma de injusticia masiva ganó los dos poderes que hoy la caracterizan: alas para volar y un poder explosivo que no afecta solo al que le llega al item, sino que a todos los que están a la redonda.

Pero independiente de su forma, la Caparazón Azul mantiene el mismo modus operandi desde siempre: es un item que aparece de vez en cuando a quienes van en las últimas posiciones solo para castigar al que va primero. ¿Por qué? Sólo porque si.

Y eso nos frustra. Es natural. Sabemos que Mario Kart no es un juego de carreras clásico y que posee todo tipo de armas fantásticas diseñadas para tomar ventaja del resto. Nuestro camino a la victoria siempre conlleva esquivar plátanos, caparazones verdes y rojas, usar hongos en lugares correctos y recibir de vez en cuando el molesto rayo que, por lo menos, afectaba a mucha más gente que la maldita concha azul.

Pero a estas alturas del partido, y tras 21 años conviviendo con el item más controversial de todo Mario Kart, creo que ya es tiempo de mirar hacia adelante y entender que la Caparazón Azul está lejos de ser el villano que tanto pintan, sino que en realidad, es un elemento que le da mucha más vida al juego.

Desde el punto de vista del diseño, la caparazón azul -cuyo nombre en realidad es Spiny Shell Caparazón Espinosa y no conozco a nadie que le diga así- es una herramienta de balance que permite mantener a todos los participantes de una carrera con algún nivel de entretención en esta. Es cierto que en Super Mario Kart no era necesaria, pero también es cierto que en ese juego era mucho más fácil sacar la vuelta, término asociado al momento en el que los jugadores que iban en primer lugar y comenzaban a encontrarse y sobrepasar a los que estaban últimos.

La caparazón azul, entonces, llega para equiparar las posiciones en la pista, para disminuir la brecha entre los últimos y los primeros y para hacer la experiencia algo mucho más compacta. Más que un castigo para el primero, es un incentivo para que los que van más atrás puedan también ir adelante. La Caparazón Azul es un impuesto al triunfo, es ceder un poco de tu victoria para que otros tengan la oportunidad de obtenerla, pero siguiendo con la posibilidad de retomarla en base a la habilidad.

De hecho, para quienes dicen que la concha azul es un castigo a la habilidad, entonces es que en realidad nunca han estado con la suficiente ventaja, o bien, ignoran todas las formas que existen para poder esquivarla. Sin contar los items que se han creado específicamente para derrotar a este ítem, como el Super Horn o el Mega Mushroom, a veces solo basta con usar un hongo en el momento indicado para escapar de los efectos de la caparazón.

Así que si te quejas de que la caparazón azul castiga al talento, puede que el problema sea que no seas lo suficientemente talentoso.

Pero hay una justificación mucho más importante para la existencia de la concha azul dentro del juego, y no tiene que ver ni con el diseño ni el talento, sino que con algo mucho más importante a la hora de jugar: las emociones.

Kosuke Yabuki, el director de las últimas dos entregas de la serie, señaló hace un tiempo en una entrevista a Eurogamer que la caparazón azul existe para generar un vínculo emotivo que llegue a todos los que están jugando. Sentir una emoción durante la carrera es lo que te permite, a la larga, saber que estás jugando con humanos y no simplemente moviéndote de la manera más efectiva entre atajo y atajo como un robot. Y el enojo, la ira y la frustración son parte de esas emociones que tienen su contraparte: el enojo del primer lugar conlleva la alegría del resto de los jugadores, o como hablamos anteriormente, la esperanza de contar con una segunda oportunidad que no hay que desperdiciar.

¿Saben que es más frustante que recibir una caparazón azul? Ir segundo o tercero y aun así no poder ganar. La presión también se pone en juego y pensar que el item afecta sólo a quien le llega es obviar toda la filosofía que hay detrás del juego.

Y así como una concha azul puede hacernos sentir toda la rabia y la injusticia del mundo, cuando la superamos, todo eso se convierte en todo lo contrario, y el ataque que buscaba hundirnos no hace más que llevarnos a la gloria. Un ejemplo es el siguiente clip, el que recomendamos escuchar con audífonos y que muestra como la caparazón azul puede pasar de hacerte sentir miserable a ser el amo del mundo.

Y es que como muchas cosas en la vida, la reputación de la caparazón azul dependerá de la perspectiva con que la mires. Si te llegan muchas quiere decir que siempre estarás a la cabeza y cuando uno está en la cima, es normal que le lleguen los ataques. Echarle la culpa a perder por solo recibir un item termina anulando tu propia habilidad.

Y por último, relajate, es solo un juego. Para conducir sin distracciones están los Gran Turismos, Forzas y Need For Speeds. Yo a mi Mario Kart lo quiero lo más injusto e improvisado posible. Porque así es como somos los humanos.

 

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