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El ascenso y caída de Leonardo Farkas en el Festival de Viña

19 FEB 2018 / Nostalgia Pop

El ascenso y caída de Leonardo Farkas en el Festival de Viña

El excéntrico empresario fue la presentación más extraña e inapropiada de un Festival que cumplía 50 años cediendo al capricho del hombre orquesta.


Corría el año 2007 y el personaje de Leonardo Farkas ya comenzaba a convertirse en un ícono de la cultura pop en Chile. El excéntrico y millonario empresario minero había pasado 39 años de su vida en el bajo perfil, con más de alguna aparición televisiva que fue recordada pro su abundante cabellera rizada. Pero al llegar a los 40, Farkas decidió retornar a Chile y demostrar que ya era toda una estrella. Hizo una fiesta en el Sheraton con bandas como Air Supply y KC and the Sunshine Band que sirvió de bocadillo para los programas de farándula de la época.

Pero la Farkasmanía realmente empezó el año 2007, cuando en pleno estadio nacionado, donó 235 millones de pesos a la Teletón. Un año más tarde, subiría la apuesta, con mil millones de pesos, con un discurso con el que citó incluso a Martin Luther King.

Entre medio de todo esto, Leonardo farkas hacía noticia por regalar relojes, entregar propinas millonarias e incluso lanzar dinero desde su automóvil. La gente ya lo quería nominar a presidente de la república y todos los estelares buscaban contar con su presencia. Fue así, en el peak de su fama, que la organización del Festival de Viña decidió extenderle una invitación como Jurado del certamen, que en su edición 2009 cumpliría 50 años.

Para Farkas, fue un si inmediato, considerando que parte del mito de su historia es que él comenzó a amasar su fortuna siendo músico en Estados Unidos, lo que le hizo ganar el apodo de El Hombre Orquesta. Farkas compartiría ese año asiento junto a Juanita Parra, Fernando Ubiergo, Paolo Meneguzzi, Catherine Fullop, Martín Cárcamo y Bastián Bodenhofer. Un jurado típico de Festival, que siempre mezcla artistas con personalidades de la farándula. Todos pensábamos que Farkas iba en su rol de celebridad, pero nunca imaginamos que en realidad estaba en su condición de artista.

Y como todo artista que va al jurado, Leonardo Farkas se ganó un espacio en la Quinta Vergara para demostrar su talento. Fue el tercer día del certamen, uno que abría Carlos Santana, cerraba Roger Hodgson y que contaba con el regreso de Dinamita Show en el humor. Y ahí, entre medio de todo eso, Farkas.

Nadie sabía con certeza que esperar de su show. Lo más cercano que habíamos visto eran sus presentaciones en Sábado Gigante, con una extraña rutina que mezclaba humor y una demostración de de multifacético teclado, tratando de sorprender como si fuera un artefacto alienígena.

Y finalmente llegó el día. La dupla de Soledad Onetto y Felipe Camiroaga presentaban a Farkas como El Hombre Orquesta, algo que, por lo menos, tenía algo que ver con música, no como otros rellenos famosos como el del Hombre Láser.

Pero todo comienza mal desde el primer segundo del show, cuando un descoordinado cuerpo de baile vestido de mineras, aparecían para sacar a Farkas al escenario. Vestido de etiqueta, fue acompañado a su triple set de teclados y un piano de cola, donde rápidamente comenzó a hacer el ridículo.

Su primera canción fue El Sueño Imposible, interpretada en sus diferentes sintetizadores, haciéndolos sonar como un violín, como trompetas o un coro angelical. Algo muy novedoso en 1989 probablemente. Pero claramente el mensaje era más importante para él que para la Quinta. Farkas estaba, literalmente, cumpliendo su sueño imposible Uno que para el resto de la Quinta no sería más que una pesadilla de 10 minutos.

Abuptamente cambia de tema. Se saca el frac y revela su verdadera cara: una camisa brillante, platinada, que reflejaba cada una de las luces que en ese momento se posaban sobre él. De fondo, el coro de la orquesta de Horacio Saavedra comenzaba a palmotear una tonada conocida. Era We Will Rock You, de Queen. Ahora Farkas ya no estaría en su piano, sino que saldría a cantar el tema que alguna vez inmortalizara Freddy Mercury y que simplemente fue aniquilado por la voz del empresario.

En un momento, mientras cantaba, Farkas se sale del libre y grita “Esto es pa todos los chaqueteros de Chile”. Ahora todo se había vuelto personal.

De ahí en adelante, todo es una espiral descendente: Farkas le pone una peluca a Horacio Saavedra, se equivoca en el tema y tiene el primero de sus tres acoples. Todo esto en solo cinco minutos. Quedaban 10 todavía.

Finalizó su presentación cantando Que Será, Que Será, El Rock del Mundial, lo que le alcanzó para llevarse una muy poco pedida Antorcha de Plata. Si no nos creen, acá está completa:

Toda la crítica consideró el show de Farkas como uno de los más pobres que se han visto en el escenario de la Quinta Vergara, más aun cuando el certamen cumplía 50 años en esa edición. Pero nada de eso importó en la relación entre Farkas y la Alcaldesa de Viña, quienes en los años siguientes han demostrado un gran amistad. Farkas sigue yendo a las galas e incluso ha hecho millonarias donaciones, incluyendo pianos para el Teatro Municipal, un colmillo de Mamut e incluso una Estatua de Rodin que se convirtió en atracción turística de la zona.

Aun no sabemos si se debe a un genuino interés por ayudar a la ciudad, o porque es todo parte del trato por haber permitido esos 15 minutos de tortura en el escenario más importante de Chile.

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