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No lo entenderías: El final de Joker es una joya

15 NOV 2019 / Cine

No lo entenderías: El final de Joker es una joya

A más de un mes del estreno, las últimas palabras de Arthur Fleck encapsulan todo lo que representa esta versión del villano, pero también su relación con lo que es en los cómics.


A lo largo de la historia, y más allá de los múltiples equipos creativos que han puesto su impronta al personaje en los cómics, se han establecido una serie de máximas en torno a lo que es y representa el Joker. Por un lado, está la idea de que cada etapa del personaje en los cómics solo representa un nuevo quiebre para la psicosis del villano, razón por la cual el Joker de Morrison es muy distinto al de Scott Snyder, o al que abordó Alan Moore, inclusive en lo que respecta a su apariencia.

Eso es encarnado a la perfección en un clásico diálogo de “La Broma Asesina“, en la que el villano establece que, si va a tener un pasado, prefiere que sea de opción múltiple. Es un pasado que simplemente no puede ser entendido, pese a que nos el tortazo de sus posibles acciones pasadas nos sea lanzada en plena cara.

El cambio constante, que también responde como un espejo del actuar del propio hombre murciélago que busca detenerlo, explica el por qué el Joker cambia para cada nueva generación. Y obviamente el Joker de cada película es el que cada era necesita para explorar sus propios males sociales.

Por eso el final de Joker es poderoso y eleva tanto a la película. No me refiero a sus acciones en el programa de televisión o frente a la turba que lo destruye todo en Gotham. Es su último diálogo, cuando el personaje de Joaquin Phoenix responde una última pregunta.

¿De qué te ríes?

No lo entenderías

Esa frase, ese “no lo entenderías”, resume a la perfección lo que es el Joker en los cómics y cómo la película de Todd Phillips finalmente abraza la idea de entrar un poco en ese terreno más del mundo de las viñetas que de su propia construcción inspirada en películas como Taxi Driver o El Rey de la Comedia.

No entender al Joker es la única ruta a la que le queda a la gente cuerda, por lo que se necesita un poco de esa locura que impulsa a vestirse de murciélago para ser la contraparte perfecta que pone en regla al caos. De ahí el paralelo con la recurrente historia de origen del asesinato de los Wayne, que no es lo que pasa en ese momento por la cabeza de Fleck. Lo que hay en su cabeza, simplemente no lo vas a comprender.

De otros Joker y el caos

Mientras el Joker de Jack Nicholson abordaba la anarquía de la deconstrucción de la avaricia, que desprecia el arte pero que cree que su destrucción es una pieza de arte por si misma, la versión de Ledger se declara como un agente del caos, pero también responde al miedo hacia el terrorismo de un mundo sin reglas, deconstruyendo a la sociedad para demostrar otra máxima: cualquiera puede tener un mal día y dar el salto a su locura.

La película de Christopher Nolan utiliza esa máxima que forma parte del corazón mismo de “La Broma Asesina“, y un montón de historias posteriores, en tanto que la película de Todd Phillips trasgrede ese postulado para explorar qué es lo que sucede cuando todos los días son malos, cuando nunca hubo esperanza, cuando alguien con privilegio simplemente nunca podrá salir de su burbuja.

Por eso la experiencia de repetirse la película del Joker tras el estallido social en Cghile cobra una doble lectura que le da aún más valor a la decisión de sus responsables de no solo quedarse en las clásicas ideas que forjan al villano para ir un poco más allá.

Phoenix captura la esencia de un hombre despreciado, que inevitablemente se rompe tras ser empujado y reducido a la insignificancia. Por eso Arthur Fleck arremete contra la sociedad que le falló, sin una introspección de sus propias carencias, reflejando cómo se sienten muchas personas que son apartadas. Aquellos que no tienen nada que perder o los que en sus cabezas se imaginan la aceptación que nunca tendrán.

Más allá de los paralelos entre Fleck y los individuos aislados, la representación de Phoenix también es transversal a la hora de reflejar a los desencantados, poniendo el eje en un sociópata que ataca al mundo, pero cuya catarsis termina abrazando algo que simplemente no puede ser entendido una vez que su rostro solo está completo con la pintura. Y ese retrato del caos, con la sonrisa maquiávelica, simplemente no se puede explicar, especialmente ante gente que se niega a salir de la burbuja. Simplemente si le preguntan de que se ríe, no lo entenderían.

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