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Game of Thrones: La inevitabilidad de un cierre satisfactorio

28 AGO 2017 / Series

Game of Thrones: La inevitabilidad de un cierre satisfactorio

"The Dragon And The Wolf" fue el final de temporada que que instaló en su lugar a cada una de las piezas principales que tenían que sobrevivir.


La séptima temporada de Game of Thrones concluyó con un cierre de historia apropiado para elevar las expectativas y dejar con ansiedad nivel fármaco dependiente a su legión de fanáticos. Para concretar ese objetivo, la serie tuvo alejarse de la subversión que siempre la caracterizó, para ser mucho más sustancial a la hora de definir los principales escenarios que marcarán el cierre que esperamos ver el próximo año.

En ese camino, sus realizadores provocaron que la recepción dividiese las aguas en dos bandos: aquellos que se quejan por el apresuramiento narrativo que parece enfocado en entregar solo fanservice y el resto, satisfecho con que finalmente la historia dejase de estirar el chicle y entre a picar en la médula que se venía prometiendo desde el inicio de la saga. Nunca se pondrán de acuerdo.  Ambos tienen argumentos válidos.

Lo claro es que si previamente Game of Thrones se había definido bajo la idea de que debíamos prepararnos para lo inesperado, cada vez hubo menos espacio para ello en los últimos episodios. Toda esta tanda de capítulos concretó un desarrollo que se preocupó menos de las sorpresas y más de resolver la madeja que se había revuelto más de la cuenta. De estemodo, acertadamente concluyeron los residuos secundarios que nunca parecieron importar para los movimientos finales del tablero. Por eso ya no hay más Dorne, ni Altojardín, ni otros focos, ya que las múltiples líneas narrativas se cerraron para enfocarse en tres frentes (Cersei/Jon&Daenerys/Invernalia).

Más importante aún, cuando solo quedan alrededor de seis horas adicionales de historia, el afán de subversión de las elementos característicos de la fantasía tuvo que entrar en pausa. Quizás por eso todo en esta temporada pareció inevitable, restándole un poco del factor de sorpresa que en el pasado nos llevó a golpear la televisión con la cabeza ante todas las situaciones inesperadas que nos dejaron marcando ocupado. Pero ciertamente Game of Thrones lo requería, ya que en esta temporada tenían que apurar el tranco para que lo que tenía que ocurrir, ocurriese.

Spoilers a continuación.

Frenando un poco más la narrativa en comparación al episodio anterior, que bajo el título de “Beyond The Wall” se instaló como el gran clímax para esta tanda de la historia, el último capítulo titulado The Dragon and the Wolf transmitió una sola gran idea: ahora sí nos enfrentaremos al fin del juego. Por eso esto fue como un gran teaser de lo que está por venir en la última temporada.

En primera impresión, el capítulo nos tentó con lo que parecía ser la batalla definitiva, con un asedio al poder de Cersei en Desembarco del Rey y que deja a la especulación la forma en que los problemas en Casterly Rock fueron resueltos. Lo importante al final es armar la reunión más importante desde la cita que marcó al primer episodio de la serie. Por un lado están los mellizos Lannisters y sus lacayos. En el otro, Daenerys Targaryen, Jon Snow y sus aliados.

Sin dar mucho espacio a las reuniones, Tyrion Lannister deja en claro el panorama al que se enfrentan: todos los que están frente a frente se detestan, por lo que no se trata de una fácil negociación. De hecho, por eso hay una incómoda interrupción por parte de Euron. Pero aunque una tregua es puesta sobre la mesa, el odio parido que siente Cersei impide que eso se concrete. Solo una vez que el Perro presenta a un zombie, los problemas quedan en pausa y hay una vía de solución. El problema es que Jon Snow está centrado en el honor, que reconoce que ya tiene una reina, lo que va en contra de las demandas que pone Cersei para llegar a un acuerdo.

Tyrion, poniendo su vida en riesgo, decide conversar en privado con su hermana, lo que da pie a una de las conversaciones más incomodas de las series. No solo Cersei casi reconoce que lo que más le importa es el poder, por sobre la familia, sino también su hermano logra darse cuenta de que está embarazada. Pero en definitiva, dejando el espacio para que los Lannisters hubiesen llegado a algún tipo de acuerdo no revelado, Cersei regresa para aceptar aparentemente el apoyo a las fuerzas que tendrán que batallar contra los Caminantes Blancos.

El otro punto radica en Invernalia, en donde el maldito Meñique sigue avanzando en su objetivo de lograr que Sansa y Arya tengan un conflicto que remueva a la menor de la ecuación, poniendo sobre la mesa que él siempre asumirá lo peor de las personas y eso lo transformó en un hábil jugador hasta el momento. Pero en quizás uno de los momentos más gratificantes del capítulo, a pesar de que los realizadores tuvieron que engañar a la audiencia de mala forma, Sansa pone sobre la mesa todos los crímenes pasados que Lord Baelish creía olvidados y que lo llevan a clamar, arrodillarse y rogar un perdón que jamás se mereció. Y con una corte rápido en la garganta, se acabó la historia del responsable de toda la confabulación que dio pie a la muerte de Ned Stark.

Con Theon intentando recuperar algo de dignidad para salvar a su hermana, varios puntos de la historia apuntan a que habrá varios arcos de redención en juego. Pero ninguno será más importante que Jaime Lannister, quien se siente asqueado al saber que su hermana jugó sin decirle sus maquinaciones, poniendo en riesgo el futuro de todos en Westeros solo por su deseo de matar a Jon Snow y Daenerys. De ahí que esa situación finalmente deja a Cersei sin su último gran aliado, el único que en realidad la amaba, para enfrentar el cierre de la historia solo con el odio de su lado.

En otro punto secundario, Sam llega a Invernalia, para concretar la esperada conversación con Bran que pone sobre la mesa la verdad oculta por tantos años: Jon Snow es el hijo legítimo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark y una boda secreta lo instaló como el heredero al Trono de Hierro, sacando de la ecuación la supuesta violación que dio pie a la guerra que sacó a los Targaryen del poder gracias a las mentiras del hombre que en definitiva quedó como el rey Baratheon.

Esa revelación se da en paralelo a otro punto que se instaló como absolutamente inevitable durante la última temporada: Jon Snow concreta su relación romántica con Daenerys. Mientras la voz de Bran revela en off que ambos comparten la sangre Targaryen, tía y sobrino consuman su atracción, dejando para el cierre de la historia una última intriga para resolver y que pondrá en jaque a precisamente las dos personas que tienen las llaves para salvar a Westeros.

El cierre del capítulo nos presenta lo que se había gestando desde que aquel Guardia de la Noche escapa de sus funciones solo para que Ned Stark cortara su cabeza. El ejército de los muertos llega hasta el Muro, con el Rey de la Noche montando su nuevo dragón para, cortesía de un fuego azul, hacer caer la estructura de una forma metódica, para así permitir que los Caminantes Blancos comanden inevitablemente el terror hacia el sur. Y la primera parada probablemente será Invernalia.

“The Dragon And The Wolf” termina de trazar las líneas para definir cómo los verdaderos protectores de Westeros están encerrados por partida doble, sin una clara salida. Por un lado, desde el norte desciende la muerte de la que no hay escape. Por el otro lado, Cersei jugó sus maquinaciones para permitir que su propio bando no se involucre y solo tenga que actuar una vez que sus enemigos directos caigan.

Al mismo tiempo, apresurando el camino de forma un poco torpe en términos narrativos, especialmente en lo que concierne a lo poco creíble que fue aquello que se ocultó fuera de cámara para matar al Meñique, la historia resolvió las principales mentiras que marcaron a la historia central. Desde aquella que sacó a los Targaryen del poder a la que comenzó los problemas entre los Starks y los Lannisters una vez que se necesitó una nueva mano para el Rey Baratheon.

Quizás lo más interesante de este teaser para lo que se viene en la última temporada radica en el hecho de que los vivos seguirán destruyéndose entre si, a pesar del apocalipsis que representa su inminente batalla contra los muertos. Game of Thrones, de todas formas, no podría haber definido otro escenario para concluir y si estos siete episodios fueron un indicio, en HBO van a poner toda la carne a la parrilla para garantizar el espectáculo. Solo esperemos que lo que se venga sea menos previsible y que la subversión vuelva para que sobrevivan quienes menos esperamos en este juego de tronos.

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