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Game of Thrones: El inicio del fin

17 JUL 2017 / Series

Game of Thrones: El inicio del fin

La popular serie retornó con un mero tentempié para dejar en claro que la gran resolución recién está por comenzar.


No es menor que lo más interesante del primer episodio de la séptima temporada de Game of Thrones estuviese en sus minutos finales. Todo lo que sucedió anterior al arribo de Daenerys a Westeros, salvo sus notables primeros minutos, no abordó mucho que no se hubiese esbozado con anterioridad.

De ahí que gran parte del capítulo de estreno puede ser resumido en una idea: el tablero de ajedrez se ordenó. Pero al considerar que solo quedan 12 episodios antes del cierre de esta historia, eso no es suficiente. Estamos en un punto en donde queremos que el conflicto avance con mayor rapidez, ya que existe la sensación de que queda muy poco tiempo para resolver esta historia. “Dragonstone“, el capítulo número 61, se instaló así como un mero entremés, una promesa de que lo mejor aún está por venir.

No es que Game of Thrones no volviese a lo grande, ya que sus primeros minutos representaron un cambio de timón que instaló sin duda alguna al mejor inicio de temporada para esta serie. Arya Stark sacó a relucir sus habilidades para hacer pagar a los principales responsables de la traición que dio pie a la Boda Roja. En “Los Gemelos” finalmente se concretó una venganza que se siente justa, con un vino envenenado que borró de Westeros a la familia Frey.

A rasgos generales, el movimiento de piezas comenzó a establecer los bandos que se enfrentarán en el conflicto definitivo por el trono de hierro, aunque dicha reyerta termine siendo un enfrentamiento destinado al olvido ante el peligro que representa la amenaza de los caminantes blancos que están cada vez más cerca del muro. A sabiendas que la corona no quita el hecho de que sus fuerzas están disminuidas, Cersei entabla una reunión con el rey pirata de las Islas de Hierro, quien sueña con una cosa: desposarla. Pero eso no está sobre la mesa a menos que se de una ofrenda suficiente.

Mientras Jon Snow perdona a los hijos de los traidores, recordando ancestrales alianzas y recalcando que no tienen que pagar por los pecados de sus padres, en el Norte se instala una máxima: todos tienen que prepararse para la batalla. Hombres, mujeres, niños y niñas. Los necesitan para hacer frente a la amenaza blanca que avanza. En tanto, Samwell Tarly ha sido reducido a un mero empleado de bajo rango en la Ciudadela, pero su presencia en el lugar le permite acercarse al conocimiento ancestral que podría ser la clave del conflicto: en Dragonstone existe un depósito de vidriagón, el arma clave que podría detener a los caminantes.

Y eso nos lleva de regreso al final del capítulo. Aunque El Perro sigue en su ruta de redención, y en el medio se concretó el cameo de un cantante que no me interesa, lo más relevante se concretó en el hogar ancestral de los Targaryen. Sin moradores a la vista en el castillo, que durante décadas fue ocupado por el fallecido Stannis, Daenerys finalmente pone pie en Westeros. Y al más puro estilo de un conquistador, posa su mano al regresar al hogar que le fue arrebatado.

Y es ahí, en medio de la sala de guerra, que la Madre de los Dragones deja en claro que todo lo anterior fue un mero tentempié: ¿Podemos comenzar?. Sí, por favor.

 

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