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Hablemos de la sorpresa de Ghost in the Shell que remarca el whitewashing

8 ABR 2017 / Cine

Hablemos de la sorpresa de Ghost in the Shell que remarca el whitewashing

Desde el casting de Scarlett Johansson surgió la polémica por su elección protagónica ya que Motoko Kusanagi es japonesa.


Desde que se anunció que Ghost in the Shell sería protagonizada por Scarlett Johansson, se instaló con más fuerte la discusión sobre el whitewashing en Hollywood. Es decir, la decisión preferencial de otorgar roles a actores blancos de ascendencia europea en roles destinados a etnias no-caucásicas.

Ahí tienen a John Wayne interpretando a Gengis Kan, Elizabeth Taylor como Cleópatra, Liam Neson dando vida a Ra’s Al Ghul, el elenco de The Last Airbender, Christian Bale como Moisés o Tilda Swinton en el rol de The Ancient One.

Y en el caso de Ghost in the Shell, todo se refuerza por un giro narrativa que hace parte al whitewashing dentro de la historia. Antes de entrar de lleno, primero la alerta de spoilers.

 

En el manga y animes de Ghost in the Shell, el personaje principal es Motoko Kusanagi, una mujer japonesa que sufrió un terrible accidente en su niñez que provocó que su cerebro fuese traspasado a una prótesis total robótica.

Esa idea del cyborg con cerebro humano sigue presente en la película, pero con dos elementos diferentes. El personaje de Scarlett Johanson se llama Mira Killian, tal y como fue revelado durante el anuncio original de casting, aunque la película busca menguar la polémica llamándola simplemente “The Major”. Todas la llaman por su rango y no por su nombre, lo que responde probablemente al grito en el cielo que se escuchó en contra de la película desde el anuncio de la elección de la actriz.

En la película, uno de los elementos principales de la historia está en el misterio sobre The Major y su pasado, además de los glitches que aparecen en su camino como supuestos residuos fantasmales de su pasado. Por eso, una vez que comienza a investigar sobre su pasado, se revela que en realidad Mira es Motoko.

En esta versión, Motoko fue una adolescente que escapó de su hogar y se unió a un grupo de jóvenes que está en contra de los cyborgs y cambios prostéticos que están dominando a la sociedad. Pero en definitiva, la compañía Hanka Robotics los secuestra y los usa para experimentar con su tecnología de inteligencia artificial.

La película toma así una historia en la que una mujer japonesa es puesta dentro del cuerpo de un cyborg con la apariencia de una mujer blanca. En vez de justificar el casting, adaptando el manga y el anime, los responsables de la película decidieron agregar el polémico tópico dentro de la historia para intentar dejar contentos a los fans.

La situación también afecta al personaje de Michael Pitt, Hideo Kuze, quien junto a the Major son presentados como el siguiente paso evolutivo y parte de la búsqueda la perfección del ser humano. Es decir, básicamente dicen que lo perfecto es lo blanco.

Igual uno puede entender por qué tomaron esta decisión narrativa, o que la Johansson fuese elegida para el rol solo porque es la actriz más famosa del mundo y querían garantizar poner más traseros en las butacas, pero el resultado final es muy extraño porque se siente como una idea puesta con forceps solo para contentar a aquellos que querían ver a Motoko en el cine.

El problema es que en definitiva, la historia simplemente no logra enganchar, ya que el recurso de la amnesia y el cierre entre the Major y su madre japonesa no queda bien resuelto ya que la película nunca logra su objetivo de explorar lo que significa ser humano. Como casi todo en esta adaptación, la resolución sigue una ruta génerica.

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