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Justice League: Funeral por un “amigo”

11 NOV 2017 / Cine

Justice League: Funeral por un “amigo”

La despedida de @_filmico para el universo oscuro de DC, una forma de ver a Batman, Superman y los miedos que nos aquejan. Prepárense para una muy especial Justice League.


Algunos detalles que hacen prácticamente perfecto el tema musical de Superman de John Williams:

Abre con una suave melodía que evoca la inocente fascinación por el espacio. Luego el golpe de percusión, la nave que cae. El niño crece, camina, trota, corre y despega en una explosión orquestal de tintes heroicos como pocas veces han sido escritos. El “Can You Read My Mind?” adorna los cielos nocturnos. Y así, en el medio del éxtasis musical, creemos que el hombre puede volar.

 Corría el año 1996, y la chica de la que estaba prendado estaba de cumpleaños. La invité al cine, a ver la película que se había ganado el Oscar. Como iba en plan de “hacerme el lindo”, la vi antes en casa, gentileza del videoclub de barrio correspondiente. Así que sentí estar preparado para lidiar con la emotividad que esa película producía en la juventud de esos años. Fallé en ello. La segunda vista no me emocionó en el sentido en el que iba preparado. No me impresionó la visión de la McCormack previo al grito final de Gibson. Me sentí como Gleeson. Una mezcla de inevitabilidad, vergüenza, ira y tristeza que solo llevaba a un fin posible: Había que salir a matar Ingleses. Lo lamento por los fans de UK, pero deben reconocer que son excelentes villanos los británicos.

Luego me haría comiquero. Desde Vertigo hasta ‘Balas Rasantes’, de Sin City hasta Azpiri, leía todo lo que llegara a mis manos. Pero por alguna razón, eran los superhéroes los que más se me quedaban. Había una complejidad en sus motivaciones y comportamiento que esporádicamente terminaba por ser abordado por algún autor que me era irresistible.

También descubriría que el auténtico ‘Corazón Valiente’ era en realidad Robert The Bruce, y que no sólo uno, si no que dos personajes icónicos homenajean su nombre en los cómics: Bruce Wayne y Robert Bruce Banner. Pero ya saben, “nunca dejes que la verdad entorpezca una buena historia”.

Y claro, el tiempo pasa, uno cambia. Yo cambié de creencias espirituales, políticas, de enganches con quien ir al cine, etc. Pero hubo algunas constantes. Seguía escuchando bandas sonoras que me producían esas emociones fascinantes que mencionaba y seguía leyendo cómics. Y muy de vez en cuando me topaba con alguna historia que me volvía a llevar a ese punto de antaño: La futil necesidad de “salir a matar Ingleses”.

Man of Steel es un trauma a varios niveles. El tercer trailer sigue siendo para mi, uno de esos momentos que no olvidaré cuando ocurrió. Uno de los mejores trailers que he visto, y por lejos la mejor pieza de promoción de su sub-género. Lo que Hans Zimmer logra con ‘Ideal Of Hope’ era completamente distinto a la definición musical de Superman que existía hasta ese momento. La inocencia había dado paso a la tragedia de no uno, si no de dos padres. Una sutil bajada en la escala del heroísmo, un sentido de abnegación que no terminaba de dar la nota. Al parecer, si los dioses iban a batallar sobre Metrópolis, no estaban los tiempos para espectros musicales románticos. La percusión debía tener la potencia de la divinidad. Y funcionaba. Diablos, vaya que funcionaba todo en ese trailer.

Pero la película me rompió el corazón. Sentí que tanto fallaba, que Johnatan Kent no cuajaba, que Lois interrumpía todo, que Jor-El no era el personaje que definía el sacrificio y la despedida. Sentía demasiado ingenuo a Clark, una inocencia que no encajaba en ninguna parte. Demasiada épica cimentada en batallas interminables y agotadoras.

Aun así, había un extraño ruido de engranajes que el trailer seguía emitiendo.

¿La parte más extraña de todo? Que no mucho de eso estaba en las críticas que se le hacían a la película. Por supuesto que un montón de ellas apuntaban a la narrativa de su director, Zack Snyder, pero el hincapié estaba en el fondo del personaje y no en los demás errores. El hecho de que “ese no fuera Superman”, era algo que escuché demasiadas veces. Que no estaban las sonrisas, la picardía, el ‘mild mannered reporter’ no existía y así seguía el listado. No era sólo la ejecución estilística. Es que ese no era el Superman que ya estaba definido, y con ello, todo había acabado antes siquiera de empezar.

El sonido de los engranajes se intensificaba. Había algo ahí, pero simplemente no terminaba por girar correctamente.

A Snyder se le frustraría su idea de armar una trilogía del Hombre de Acero. La tibia recepción por un lado y el abrumador éxito del MCU por otro, hacía necesario tomar medidas extremas. Y el arma más grande de DC tiene un solo nombre: Batman.

Llegaron los primeros atisbos de Batman v Superman. Lo que sonaba bien era ensombrecido por lo que sonaba mal: Wonder Woman era aplaudida, lo de Doomsday era un error garrafal. A pesar del intento de suprimir los errores de ejecución de ‘Man Of Steel’, el estilo quedaba y eso bastaba para el primer bloqueo. Pero eso era lo de menos.

La redefinición de Lex Luthor como el potentado inescrupuloso de siempre, pero ahora adecuado a la generación que produce empresas multimillonarias sostenidas en una nube virtual, y su actuar en aras de preservar su poder ante lo que siente la peor de todas las amenazas: un ser capaz de cambiar el orden de las cosas, y por encima de ello, de buena voluntad.

Click. Con un sonido tenue, un engranaje encajaba.

Batman era un ser traumado, con una enorme cantidad de recursos para reaccionar prácticamente como el berrinche de un niño asustado y golpear a todo aquello que considerara un peligro, en un incesante deseo de morir en una batalla final que valiera la pena. Por cierto, que bien definiría Tom King luego a ese “pobre niño”, ese que aun no lograba superar la muerte de sus padres. Que se sentía culpable por seguir vivo.

Click. Otro engranaje.

Una Wonder Woman decepcionada de la Humanidad. Después de las atrocidades que cometimos el uno contra el otro en el Siglo XX, eso era perfectamente comprensible. Las razones por las que alguna vez estuvo dispuesta a pelear por este mundo, se veían lejanas y vacuas.

Click.

El ridículo plan de Luthor, de engañar a Batman para atacar a Superman. Y Wonder Woman allí, tan sólo preocupada de conservar su identidad.

El ridículo plan de un potentado inescrupuloso, para convencer a “un niño asustado” de que sus peores miedos están encarnados ahí, en aquel ser que no conoce. Mientras aquella con recursos, está más preocupada de preservar su privilegio.

El plan del potentado, que le habla una y otra vez a nuestros peores miedos, y nos dice que aquello que es distinto a nosotros es peligroso. Otro color de piel, otra orientación sexual, otra creencia religiosa. Mientras aquellos a quienes nada afecta realmente, miran con indolencia desde un costado.

Click. Click. Click.

Ese plan funciona. Ese “plan” lo lleva a cabo alguien. Y se convierte en el hombre más poderoso del mundo. Un hombre que se jacta de tener mejores genes que el resto, de agarrar los genitales de una mujer para marcar su poder, etc. etc. Lo logra igual.

Corruptos que apelan a nuestros miedos diarios, a quedarnos sin trabajo, a perder lo que tenemos en manos de delincuentes, a que nuestros hijos estén expuestos a aquello que desconocemos y nos dicen que es peligroso. Y así, con nuestros temores, terminan por gobernarnos. Una y otra vez. Son “los ingleses”, allí, con sus ejércitos que nosotros mismos contribuimos a crear.

Ya no vivimos en ese mundo en que podíamos llegar a creer que el hombre podía volar. En realidad ese mundo, nunca existió. Vivimos en un mundo en que si llegáramos a ver que un hombre vuela y resiste a las balas, nos dedicaríamos a fabricar una mejor bala para bajarlo definitivamente de ahí. Dejamos que eso pasara.

Tenemos miedo. Y buscamos la esperanza. Pero no es esperanza lo que necesitamos, es inspiración. Porque la esperanza no detiene al corrupto potentado. No para a “los ingleses”.

Superman es eso. Siempre ha sido eso. Este Superman de Snyder es eso. Es la inocencia en la mirada a nuestro mundo. Es la fe en que la Humanidad puede ser mejor (“tropezarán, caerán…pero luego se unirán a ti en el sol) , y por eso está dispuesto a sacrificarlo todo por ella, legados, principios, incluso la vida, porque eso puede no sólo salvar a unos, si no inspirar a otros. Al niño asustado. A la Diosa privilegiada. A todos. Ser héroes. “Si buscas su monumento, mira a tu alrededor”. Y de pronto estás en ese funeral, en la multitud, dándote cuenta de que hay una cosa que debemos terminar haciendo de una vez por todas.

Tenemos que salir a “matar ingleses”. Porque no hay acto más heroico hoy que sentarse a conversar con ese que es distinto, escuchar, empatizar. Perder los miedos, y quitarles su poder.

Pero nada de eso funciona en realidad en Batman v Superman.

La sala se vacía, tanto literal como proverbialmente. Los que quedamos allí, sentimos que habíamos entendido algo que el resto no, pero en realidad, eso es sólo culpa de que no está logrado ahí al frente, en la pantalla. En el único lugar en que debía funcionar. Es una perspectiva, es una mirada, pero si no puedes relatarla bien, si no puedes articular ese discurso, al final sólo es un conversación entre unos pocos. “Entre amigos”. A los que entiendes, que dicen esas cosas precisas que te hacen sentido. De esos que la vida fue poniendo ahí, de esos con los que a veces no basta más que un saludo o un trago para conectar. De esos que te acompañarán hasta el amargo final y dejarán una copa servida en el medio de la mesa para saludar al que partió.

Y no se equivoquen. La visión del amigo, partió. No vamos a ver su caída en Justice League. Vamos a despedirnos. La mirada de Snyder murió cuando el mundo concordó en que lo mejor era volver a tener esperanza en una diosa venida a rescatarnos de nosotros mismos. Volvimos a dejar las piedras en el suelo, de “los ingleses” nos salvaría alguien más. El mundo es un lugar demasiado amargo y gris como para ir a ver discursos amargos y grises contados defectuosamente bajo cielos oscuros. Queremos que alguien más nos salve de nuestros miedos. Queremos olvidarnos de los ingleses, porque derribarlos cuesta demasiado.

Yo iré allí a cargar ese féretro. No tengo nada que defender ya a estas alturas. Ese flanco se perdió. El “amigo” va en el ataúd, no hay para qué seguir. Es momento de compartir la última botella con los compañeros que quedan y servir el último trago al suelo.

Lo único que espero, que entre la multitud asistente haya un Brendan Gleeson o un David O’Hara. Un Bruce, susurrando, “le fallé”.

Alguna joven con talento que se vea conmovida y que decida que esta historia debe ser contada. Algún muchacho con las aptitudes necesarias y que resulte inspirado. Alguien que, en algunos años, pueda tomar todo lo torpemente dicho, todo esto mal pronunciado y lo articule bien, y pueda contarlo con la elocuencia debida. Y se plante allí, en la tarima de una pantalla gigante y logre hacerme sentir esa sola necesidad que se diluye cada vez más con los años. Intentar, por una última vez, hacer eso que tanto nos hace falta:

Salir a “matar ingleses”.

Salud, “amigo”.

 

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