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La ruta patrimonial del fútbol chileno

29 MAY 2017 / Deportes

La ruta patrimonial del fútbol chileno

Un día después del Día del Patrimonio Cultural en nuestro país, en Mouse elaboramos nuestro propio recorrido que involucra el folklore de nuestro balompié. Conócelo y emociónate.


Un día después del último domingo de mayo, la fecha instaurada en Chile para la conmemoración del Día del Patrimonio Cultural, en Mouse elaboramos nuestra propia ruta patrimonial del fútbol chileno. En ella, destacamos algunos elementos que forman o que han sido parte del folklore de nuestras canchas y graderías. Estos son los principales hitos seleccionados.

El perro que entra la cancha

Si con perro y todo cada Parada Militar es destacada año a año como “impecable”… ¿Cómo no va a ser posible que los canes entren a una cancha? Porque desde que se juega fútbol en Chile, el mejor amigo del hombre ha perdido la timidez y ha ingresado al gramado sin necesidad de un entrenador que lo convoque. Y su presencia en el césped siempre ha estado acompañada de las sonrisas y del aliento de los hinchas.

La única persona que se amargó por la entrada a la cancha de un perro fue Sergio Livingstone: Claro, porque como buen descendiente de inglés, “sapito” jamás dio crédito a esta “anomalía”. O acaso ¿Usted se imaginaría que esto sucediera en la Premier League o en Wembley?

En todo caso, al perro le da lo mismo la importancia del partido: Si es de Primera División, si es del ascenso, si es por la Copa Libertadores, o si incluso es un Mundial de Fútbol como el de 1962:

El sánguche “de potito”

El mayor patrimonio culinario del fútbol chileno está representado por el sánguche “de potito”. Aparte de la longaniza, nadie sabe a ciencia cierta qué más hay entremedio del pan, pero el aroma se distingue a cuadras. Y se llama “de potito” no por el contenido, sino porque para evitar que el caldo del menjunje caiga y manche la ropa no se debe comer parado sino idealmente agachado… o sea, de potito.

Otra joya culinaria histórica es el sánguche de mechada con palta del estadio Santa Laura. Y mención aparte merecen las papas rellenas que se venden en el estadio Chinquihue de Puerto Montt. Ambas, una verdaderas delicias para ver el fútbol.

El Chancho Lorenzo

El chancho más famoso del fútbol chileno se llama Lorenzo y fue por años testigo de los partidos de Deportes Puerto Montt en Chinquihue. Sin embargo, en las últimas temporadas ha tenido una presencia intermitente a un costado de la cancha, que antes fue una trinchera y hoy es sintética. El motivo: su origen fue como publicidad de una cecinera local, mientras que en los últimos años la camiseta de los “veleros” ha sido auspiciada por una fiambrera originaria de otra ciudad.

Lorenzo, el chancho más famoso del fútbol chileno.

De todas maneras, Lorenzo forma parte del patrimonio cultural del fútbol chileno y se incluye en esta ruta.

La “Bandita de Magallanes”

Nació como un orfeón y hoy son apenas un grupo de personas. Pese a ello, la magia no se ha perdido. Y si el partido es tedioso, la famosa “Bandita de Magallanes” se encarga de animar al público.
Sin embargo, en los últimos años su presencia en las galerías no ha sido estable, debido a que se trata de músicos que cobran por su arte y la barra de la “academia” -liderada por la señora Aurora- no siempre tiene los recursos para pagarles.

En todo caso, la “Bandita de Magallanes” fue declarada como Tesoro Humano Vivo del país por el Consejo de la Cultura en 2012. Ello sucedió semanas después de que Estadio Seguro prohibiera su entrada debido a que los instrumentos podían ser objetos peligrosos (porque podían ser lanzados a la cancha y todo eso… ¿Usted tiraría una trompeta a la cancha? Hay que ser bien de la chacra…) .

Esta declaración fue informada así por La Tercera TV:

A pesar de todos los inconvenientes, la “Bandita de Magallanes” es parte importante en este recorrido por el Patrimonio Cultural del fútbol chileno.

El guatón del bombo

Entre comillas, tocar el bombo de cualquier barra es relativamente fácil. O sea, no se debe cambiar algún acorde ni seguir rigurosamente un pentagrama, sino que basta con seguir el ritmo del cántico de turno. Sin embargo, el músico a cargo de este instrumento debe tener el ñeque suficiente para tocarlo durante todo el partido, porque los mazos no son livianos precisamente. Por este motivo, la presencia del “guatón del bombo” (con brazos fuertes) era la norma de cualquier barra del fútbol chileno.

El guatón del bombo.

Este noble y sacrificado personaje ha ido desapareciendo gracias a la prohibición de los bombos que inicialmente decretó hizo Estadio Seguro. Actualmente, son sólo algunos los que quedan realizando este arte clásico de todas las galerías.

Hernán “Clavito” Godoy

Viejo zorro, pariente de Gabriela Mistral, folklórico, creador de la pizarra, protagonista, chucheta y testigo de grandes anécdotas y un carácter peculiar hacen del “clavito” un personaje que, en sí mismo, es parte del patrimonio del fútbol chileno. Prueba de ello es que el año pasado fue homenajeado por la Cámara de Diputados de nuestro país.

Hernán “Clavito” Godoy

Además, no cualquiera hace esta gracia: Dirigiendo a Santiago Morning en la última temporada de la Primera B, en Talca fue expulsado de la banca por reclamar un cobro al árbitro. Y al salir rumbo a camarines, sin embargo, los hinchas locales aplaudieron al veterano estratega. Notable.

Las mascotas

Con la llegada de Harold Mayne Nicholls a la ANFP, las mascotas que alentaban a sus equipos desaparecieron de las canchas. Así, tuvieron que irse a la galería nobles corpóreos como el Loro de Santiago Wanderers, el eterno rival de la Gaviota de Everton.

El famoso loro de Santiago Wanderers.

Otros personajes que debieron salir de la cancha (o en este caso del perímetro) cuando arribó Mayne Nicholls fueron los reporteros radiales que durante toda la vida se habían colocado detrás de los arcos y cuya misión era aprovechar la vista privilegiada para explicar a los oyentes los detalles de la jugada que acontecía en la zona cercana a su portería asignada.

Los únicos que se mantuvieron en esa locación son los reporteros gráficos.

Las rifas de las barras

Previo a que se estableciera que los clubes no podían tener nexos con las barras, estas últimas siempre organizaron rifas en medio de los partidos para financiar viajes, banderas, bombos, entre otras cosas. Y la dinámica era la siguiente: a la entrada se vendían los números y en el entretiempo se sorteaban premios tales como la camiseta del equipo local o balones de fútbol. Estos últimos, generalmente, eran donaciones de los jugadores o de las instituciones.

Pese a todo, esta tradición se mantiene en Curicó: la socia y dirigenta Edith Véliz (es tan leyenda esa señora que una tribuna del estadio La Granja lleva su nombre) aún organiza en medio de los partidos su tradicional rifa que le lleva premios tales como varios kilos de carne para asados y los insumos para cualquier canasta familiar. El origen de esta actividad data cuando el motivo para juntar dinero no guardaba relación con la barra sino con financiar los viajes del equipo cuando militaba en Tercera División.

Salida a la cancha: La pifiadera al árbitro y al rival, y la ovación al local

Quienes acudieron al estadio antes de 2010 recuerdan esta escena: Sale el árbitro -y sus asistentes- a la cancha y lo más suave que le gritan es “saquero”. Luego, aparece en el campo el equipo visitante, que se lleva todas las pifias hasta el momento en que giran y saludan al público local. Ahí, en fracción de segundos, los silbidos se transformaban en tibios aplausos.

Todo esto contrastaba con la ovación que recibía el equipo local. Y ello era parte de la estrategia del técnico dueño de casa, quien decidía que sus jugadores entraran sólo una vez que terminaban las pifias contra el visitante.

Saludo a la barra.

Esa parte emblemática del fútbol chileno llegó a su fin cuando Mayne Nicholls estableció el actual protocolo de salida a la cancha, en donde los dos equipos deben ingresar juntos y también con los árbitros.

Sin embargo, todo este show previo al pitazo inicial permanecen en el recuerdo de los verdaderos hinchas de galería del fútbol chileno.

La radio a pilas

Las radios a pila fueron un clásico del fútbol chileno hasta el momento en que a un tarado se le ocurrió lanzar las baterías a la cancha.

Cuando existía la decencia, los hinchas acudían a la galería con estos aparatos y desplegaban las antenas para captar la señal de la mejor forma posible. Y algunos, los más generosos, le daban el máximo volumen para que quienes no traían radio pudieran escuchar los relatos.

En la actualidad, estas radios fueron reemplazadas por dispositivos que no necesitan pilas y que sólo funcionan con audífonos. De todas maneras, las radios a pilas -las mismas que aparecen cuando hay un terremoto y se cortan todas las comunicaciones- se mantienen en la memoria colectiva patrimonial de nuestro fútbol.

¿Recuerdas otro hito o elemento del patrimonio de nuestro fútbol? Coméntalo con nosotros.

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