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Ejecuten la Orden 66: La venganza del Sith es un plato que se sirve frío

16 DIC 2019 / Cine

Ejecuten la Orden 66: La venganza del Sith es un plato que se sirve frío

El Episodio 3 de la saga galáctica justifica la realización de todas las precuelas al incluir los minutos más desoladores de toda la saga Skywalker.


Un viejo proverbio Klingon establece que la venganza es un plato que se sirve frío, y así lo estableció Kill Bill, pero el afán de un sith no dista mucho de esa dinámica. Aunque el Episodio 3 dista de ser perfecta, y en el medio George Lucas se las ingenió para meter una escena con un lagarto gigante con un grito detestable, La Venganza del Sith es por lejos la mejor película de las precuelas y gran parte de eso responde al auge del Emperador Palpatine.

Aunque las series animadas establecieron ideas de precuela mucho más atractivas para la etapa de las Guerras Clon, entregando la señal de que los dos primeros episodios habrían sido mucho mejores si se hubiesen centrado en ese período de tiempo, La Venganza del Sith hizo todo lo que las otras producciones de Star Wars nunca pudieron hacer a la hora de volcarse tan satisfactoriamente hacia el lado oscura como o que sucede una vez que vemos concretado el plan de la purga jedi. La “Orden 66” en cuestión.

No es poco decir que la sola realización de las precuelas se justifica con todo lo que sucede a partir de ahí, incluyendo aquél momento en el que un pequeño padawan realiza la pregunta del millón que obviamente se transformó en meme: “Maestro Skywalker, hay demasiados de ellos. ¿Qué es lo que vamos a hacer?”.

Los cerca de cinco minutos que ocurren desde que Anakin entra al Templo Jedi, se concreta la purga y entra al cuarto de los younglings, están fácilmente entre los mejores momentos de las precuelas por el significado que tiene tanto para la historia creada para elevar a Palpatine, así como para lo que representa para el futuro de la saga. Nada de lo visto en las viejas películas es de una escala tan grande, simplemente porque la galaxia cambió en un santiamén y solo hubo espacio para pelear en el borde exterior.

Además, la respuesta de Anakin hacia el pequeño, que solo requiere la ignición del sable de luz, es tan profundamente maligna como el sentimiento que generó la primera vez que vimos la figura de Darth Vader o la instancia en que nos revelan que Palpatine siempre fue un gran titiritero en El Retorno del Jedi.

Comenzando con la caída de Mace Windu, quien fue presa de la propia altanería jedi que fue afectando a la orden durante los últimos años de la república, el surgimiento definitivo del Emperador Palpatine es uno de los elementos mejor desarrollados en ese capítulo final de las precuelas. Sumen secuencias como aquella que relata la historia de Darth Plagueis, la que acerca definitivamente a Anakin a su alero, bajo la excusa de salvar a Padmé de un destino que nadie puede cambiar, y el carácter sucio de Palpatine se entrelaza hasta dar con el éxtasis que siente una vez que Vader nace y hace que todo colapse a su alrededor una vez que se da la noticia de la muerte de su esposa.

Obviamente tampoco se puede desconocer que el Episodio 3 cuenta con la excesiva batalla entre Obi-Wan y Anakin que todos esperamos desde el estreno del Episodio 1, así como un enfrentamiento desbocado entre el Emperador y el Maestro Yoda, pero la médula que justificó la realización de las precuelas están en esos momentos de la caída de los jedi.

Quizás por eso el momento de la Orden 66 paga con creces toda la decepción generada por el tratamiento de la Amenaza Fantasma o lo olvidable de la oportunidad desperdiciada de El Ataque de los Clones. Es ahí en donde está el verdadero contrapunto para entender que Darth Vader se puso la máscara mucho antes de ser calcinado en los fuegos de Mustafar y que Palpatine, después de todo, fue y será la mayor amenaza para la galaxia. Nunca nadie representará mejor a la encarnación del lado oscuro.

Star Wars: El Ascenso de Skywalker, el final de la saga, que se estrenará este jueves 19 de diciembre en Chile.

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