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Larga vida al International Superstar Soccer Deluxe

25 JUL 2017 / Videojuegos

Larga vida al International Superstar Soccer Deluxe

El padre de los videojuegos de fútbol marcó a toda una generación y definió cómo había que disfrutar con los balones virtuales.


Fue toda una revolución. En la época del Super Nintendo no había nada igual. Mientras los primeros juegos de FIFA entregaban una experiencia parca, sin brillo, en Konami sacaron de debajo de la manga el título definitivo del fútbol de 16 bits.

Y todo comenzaba con una pantalla de estática y las palabras We Love Soccer. La música de inicio, las imágenes y un relato clamando el nombre clave venían después.

Sí, de seguro ya lo recuerdan:

International

Superstar Soccer…

¡Deluxe!

We love soccer

El ISSS Deluxe concretó toda una revolución, en un videojuego que a más de 20 años de su lanzamiento sigue siendo inolvidable.

De hecho, recordar a este videojuego, con toda la nostalgia que eso implica, inevitablemente nos lleva a rememorar primero a aquella época en donde las alternativas de simulación de fútbol no se caracterizaban precisamente por su movilidad y las tácticas para anotar tenían patrones que uno se aprendía de memoria. Ahí están los centros y cabezasos del Tecmo World Cup 90 o los remates y rebotes del Super Sidekicks de Neo-Geo.

Pero aunque el ISSS Deluxe también tenía algo de eso, sin duda destacó con luces propias por ir más allá, no solo por instalarse como el acabado visual más atractivo, y los mejores efectos de sonido, sino también por ser el título con las mejores opciones de competencia.

16 tipos de formaciones, diversas estrategias de ataque y más de una treintena selecciones que permitían disputar la extensa International Cup, la aún más larga World Series, que permitía desbloquear equipos, o los diferentes desafíos de escenarios, además de las copas y torneos personalizados.

Quizás de forma importante, ahí también estaba la variedad multijugador que entregaba, que no solo permitía enfrentamientos 1 a 1, sino una experiencia colaborativa en donde dos jugadores podían enfrentar a la máquina.

Es decir, el International Superstar Soccer Deluxe tenía las bases que caracterizan a la los videojuegos de fútbol contemporáneos y, para muchos, su gran despliegue de opciones puso la guinda de la torta en los últimos años de la súper consola de Nintendo.

Claro, nada de eso importaría si el gameplay no hubiese estado a la altura y el ISS Deluxe era una joya, verdadero caviar ante el resto de juegos de fútbol, entregando un sistema muy divertido y mucho más variado de lo usual durante los partidos.

Si tenías la suficiente experiencia, había la posibilidad de hacer goles de rebote, chilena, palomita y, teniendo el máximo control, con verdadero efecto del balón. Y también estaba la posibilidad de regatear con falsos giros en 180 grados, bicicletas y otros trucos más difíciles que a más de alguien le resultaban de pura suerte.

También “el International” incluía agregados que mejoraban todo, como la novedad de realizar cambios durante el juego, cruzar los dedos para no sufrir una de las raras lesiones y tener una sonrisa ante las pantallas especiales de celebración cada vez que uno anotaba un hattrick con un jugador. Más aún, si uno andaba de malas, también podías regalar un jugador expulsado atacando al portero con una barrida que significaba siempre una roja inmediata.

La curva de aprendizaje además implicaba dedicar las horas suficientes para dominar el juego, ya que de lo contrario era imposible hacer goles de tiro libre o lograr la destreza necesaria para anotar desde fuera del área con precisión. Y eso hacía que el juego valiese cada peso, ya que notabas que te volvías mejor con cada partido disputado.

De Capitale a Murillo

KCEO (Konami Computer Entertainment Osaka), la división encargada del desarrollo del videojuego, también sentó las bases que posteriormente elaboraría la división de Tokio para dar vida a la saga Winning Eleven/Pro-Evolution Soccer. Y en ese apartado, en una época en la que las licencias no eran el gran objetivo, el videojuego lucía con luces propias a raíz de su gameplay, haciendo que bien poco nos importara que sus plantillas incluyesen jugadores de nombres ficticios claramente inspirados pen jugadores reales.

Capitale, Fuerte y Redonda en Argentina. Carboni y Galfano en Italia. Alejo, Gómez y Beranco en Brasil y el gran Murillo en Colombia con su chasca a lo Valderama. Todos fueron nombres que se quedaron en nuestra memoria, mientras armábamos los once iniciales intentando evadir las caras moradas que nos avisaban de los malos rendimientos.

Ni hablar de la gracia que entregaba su uso de comentarios del juego, algo muy raro por ese entonces, que nos regalaron los imborrables “It’s a biiiiiiiiig kick!” o el “Incredible control!” antes del los efusivos gritos de gol, los mismos que nos hacían vibran con cada jugada concretada en el arco rival y las llamativas celebraciones.

Obvio, el videojuego no era perfecto y para muchos su estricta opciones de partido impedían disfrutar por completo algunos de sus desafíos. Los encuentros más cortos implicaban más de 10 minutos de juego, lo que transformaba a la liga en una tortuosa experiencia, y su sistema de passwords era irrisoriamente complicados de anotar en una época en la que tenías que hacer uso de papel y lápiz y no existían los smartphones para capturar la pantalla de tu televisor CRT.

Pero nada de eso empaña una experiencia de juego que en Sudamérica transformó a este en uno de los videojuegos más populares. ¿O creen que uno puede olvidar versiones piratas? Ahí estaban el Fútbol Peruano ’97 o el Fútebol Brasileiro ’96 que nos permitían jugar con equipos sudamericanos y que le dieron aún más vida a un juego que simplemente se negó a morir durante la última mitad de los noventas.

El International Superstar Soccer Deluxe fue un verdadero hito que marcó a toda una generación, entregándonos un tipo de experiencia que hasta ese momento simplemente no existía en las consolas. Y lo hizo instalándose como el título definitivo para jugar fútbol en 16 bits, definiendo a partir de ahí cómo debían ser los videojuegos de fútbol – aunque no se mantuvo su idea con los “árbitros perros” – y volviendo en imborrable sus gritos de: “goal, goaaaal, gooooooooal“.

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