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Los videojuegos no son para mirarlos

10 JUL 2018 / Videojuegos

Los videojuegos no son para mirarlos

El alza de los servicios de streaming y videos parece estar convirtiendo al videojuego en una actividad pasiva y eso es lo peor que puede pasar.


“Lo jugué por YouTube”. Esa se ha convertido en una de las frases más icónicas de estos tiempos en lo que se refiere a la escena del gaming.

La proliferación de servicios de streaming y de almacenamiento de videos ha hecho que muchos opten por preferir que otras personas jueguen por tí. Mágicamente eso te entrega la facultad de opinar sobre un juego, como si tu mismo lo hubieses disfrutado.

Las razones para jugar por YouTube pueden ser muchas: falta de tiempo, falta de dinero o incluso falta de habilidad. Hay casos de quienes se aburren al no poder pasar una parte y deciden seguir su aventura a través de un video capturado por una tarjeta. Pero sea cual sea el motivo, hay sólo una cosa que está clara: esta costumbre debe parar. 

Poco a poco, esta costumbre no sólo le está quitando el sentido a jugar, sino que también podría hacer que el desarrollo de estos mismos cambie de manera drástica.

Mi propuesta en este caso es la de recuperar el sentido real del consumo pasivo de videojuegos y entender que si vamos a hacerlo, que eso sea para crear comunidad y no para generarnos opiniones.

Probablemente el inicio del consumo pasivo de videojuegos ocurrió en la era del arcade, sitios donde el acto de jugar videojuegos se volvió una expresión social. En los juegos más populares de un lugar de arcades podías identificar a dos grupos: los que jugaban y los que miraban.

Los que miraban lo hacían por varios motivos: para tantear terreno y ver si se atrevían a meter la ficha, para esperar el momento indicado para jugar, porque se les había acabado el dinero o simplemente porque era un gran espectáculo. 

Pero una cosa siempre era cierta: mirar a otros jugar en el arcade era una experiencia social que te motivaba no solo a aprender del juego, sino que a practicarlo, a esperar que la máquina estuviese vacía y ponerse a practicar. Pero también debías jugar para poder entender, para poder comentar y criticar. Básicamente para entender el lenguaje.

Los arcades fueron fundamentales en convertir al videojuego en una experiencia social, pero la gracia, además, es que la experiencia arcade no era una experiencia narrativa, sino que corta, de momentos. Los arcades estaban diseñados para ser coloridos, vistosos y llamar la atención y no había mejor promoción para el juego que los propios jugadores.

Algo de eso queda hoy: los streaming de juegos son precisamente un espacio social para compartir sobre un videojuego y las empresas saben que son los principales motores para que la gente los termine comprando. Pero eso no es lo único que pasa. La necesidad por mantener a la audiencia pegada contigo la mayor cantidad de tiempo posible es la que permitió que germinaran los videos en donde los juegos se terminan por completo, de principio a fin, aún cuando eso signifique separar tu contenido en 58 partes.

De eso surgen dos problemas esenciales. El primero tiene que ver con la autoría del contenido, estamos generando ganancias mostrando un producto que no nos pertenece, pero también, y quizás más relevante, es que se está arruinando la experiencia que define a un videojuego, al quitarles la interacción.

Y es que por mucho que avancen las gráficas, mejores las historias, cambien los motores o funcione bien o mal el online, lo único que define a un videojuego como tal es la interactividad, tomar el control en tu mano y jugarlo. Ni siquiera terminarlo, solo jugarlo. No existe otra forma para entenderlos. E

ntonces, por mucho que cada vez sean más vistosos, sus cinemáticas parezcan más películas o dispongas de mucho tiempo libre, no puedes basar tu opinión de un juego solo por ver a otros jugar. En serio, no.

Eso se da especialmente cuando miramos algún streamer, porque cuando hacemos eso en realidad no estamos viendo un juego sino que estamos siguiendo a una persona. Y puede que eso tenga un valor en sí.

Hay personas que pueden hacer ver divertido un juego totalmente aburrido o al revés. Nunca lo vas a saber si no lo pruebas. Lo que hay que tener claro es que ya sea la plataforma que sea – Twitch, YouTube, las tres personas que usan Mixer -, cuando sigues un Let’s Play no estás siguiendo un juego sino a quien lo juega, por lo que de lo único que podrías opinar sería de la persona.

Esto no impide tener otras instancias en donde mirar un videojuego si puede servir: mirar competencias, por ejemplo, siempre es una buena forma de pasar el tiempo y sobre todo ganan mucho más valor si es que ya sabes jugar el título.

También muchos prefieren ver algo de gameplay antes de comprar un juego ya que como sabemos, los trailers siempre nos engañan y en esos casos siempre es bueno escuchar a alguien que si lo haya probado para confirmar una compra. Algo que no debería tomarte más de 30 minutos, una hora a lo más.

Lo sabemos, es difícil vivir en un mundo en donde todos parecen tener que saber de todo y tener una opinión sobre cada juego que ha sido lanzado, sobre todo para proteger tu identidad como gamer. Pero mirar como otros pasan por tí una historia es el equivalente a tratar de seguir una serie solo con los GIFs que postean en redes sociales. ¿Es posible? Por supuesto, pero se pierde la gracia. No vale la pena arruinar la experiencia interactiva de un videojuego solo para entender un meme.

Y si la mejor manera de hacerle ver a un streamer que nos gusta lo que hace es con una subscripción, un like o un compartir, la mejor forma de tenerle respeto a la obra que está jugando es probarla por nosotros mismos y no dejarnos influir ni por una opinión externa ni mucho menos por haber visto pasar todo un juego frente a nuestros ojos sin haber tocado un solo botón.

Por lo tanto, no le sigamos mandando el mensaje equivocado a las compañías y a los creadores del contenido: nos gusta ver análisis, competencias, un poco de gameplay para tomar decisiones, personas talentosas llevando un juego a niveles insospechados, pero nada más. No queremos que se siga pensando en juegos “para ser populares en streaming” porque si bien es una herramienta efectiva de publicidad, al final nos quita la alegría de descubrir por nosotros mismos cómo es un juego y a la larga, poder lograr ese anhelo noventero de ser algún día la persona que generaba la fila dentro del arcade.

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