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Nunca es tarde para conocer la fuerza

25 MAY 2017 / Cine

Nunca es tarde para conocer la fuerza

¿Es posible que alguien que ha renegado de ‘Star Wars’ pueda sentir la fuerza? Este es un relato que lo demuestra.


Star Wars significa para muchos un legado que se hereda a través de generaciones. Suele ser fácil encontrar a personas que, debido a la locura de sus padres por la saga, fueron introducidos tempranamente a la historia de los Skywalker.

En mi caso no fue así, ni de cerca.

Mi acercamiento con Luke, Leia y Han Solo llegó “gracias” a todo el hype generado con el regreso a lo que se suponía era la esencia original de la saga. Desde que salió la noticia que Disney estaba preparando una nueva trilogía de películas veía que el mundo y mi entorno se volvían locos con la noticia. No lo entendí hasta el segundo teaser oficial.

Mi acercamiento a la fuerza llegó en una era donde es difícil sorprenderse…pero lo hice.

Antes, mis acercamientos con el universo de George Lucas habían sido los de cualquier persona. Sabía que el villano era el padre del héroe y que la escena se parodiaba hasta el cansancio (y por cierto, con mucha menos gracia) en cuanto show de televisión existiese. También tenía claro que existían “robots” con personalidad como “Artu-rito” y “el dorado que molesta mucho” que se habían ganado el cariño de todos.

Aunque en un hecho ciertamente extraño, la primera película que vi de Lucasfilm fue “Caravan of courage: An Ewok adventure” una suerte de spin-off del episodio 6 y que se centra en esas extrañas criaturas primitivas.

Yo, un niño de 5 años, me encontré de frente con ellos haciendo zapping en la casa de la única tía que tenía tv cable de la familia. Nunca más supe de ellos hasta casi 15 años después.

Hay que admitir que para alguien totalmente ignorante con el mundo en donde los Sith y los Jedi se enfrentan es difícil entenderlo a la primera. Que el episodio IV, V, VI se grabaron antes que el I, II y III vaya en contra de toda lógica es lo primero ¿Cómo verlas?, ¿Cómo pasó esto? son algunas de las reticencias que yo también tuve y por las que postergue mi introducción a un mundo que me recibió con muchas historias que explorar.

No les miento. Haber descubierto la primera trilogía con casi 40 años de retraso también tiene sus beneficios. Adentrarse en historias que millones conocen al dedillo es mágico, inclusive con la vapuleada segunda trilogía de Lucas que, por cosas de generación, debió corresponderme. No fue así, por suerte.

“The Force Awakens” significó en mí un verdadero despertar de la fuerza. Aquella aventura comandada no sin cuestionamientos por la firma de Mickey Mouse volvió a poner en primera plana una historia que, sea como sea, merece seguir siendo contada.

El episodio VII me lo repetí tres veces en el cine, todas con personas distintas, todas con las mismas ganas de seguir descubriendo algo que me negué tantas veces. Con “Rogue One”, un año más tarde, me pasó lo mismo.

La poderosa maquinaria del marketing que rodeó el regreso de Star Wars me permitió conocerla, quererla y admirarla. Sentí, quizás, la misma emoción de los niños a finales de los setenta en el cine, mirando las mismas letras amarillas desplegadas en un fondo de estrellas y conociendo el terror del lado oscuro. Este post está escrito para ti, que nunca la has visto o la tienes postergada porque, tal como la gente que descubre la fe tardíamente, la fuerza está ahí esperando que la conozcas, la abraces y estés con y para ella.

Finalmente podrás rezar que “eres uno con la fuerza y la fuerza está contigo”. Amén.

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