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Papas fritas: El asesino delicioso

14 JUN 2017 / Tendencias

Papas fritas: El asesino delicioso

La ciencia ha demostrado que las papas fritas nos quitan esperanza de vida, así que te aconsejamos con cuáles vale pena ir envenenando el cuerpo.


Las papas fritas hacen mal y la ciencia lo sabe. Un estudio publicado recientemente por el American Journal of Clinical Nutrition señala que el consumo regular de este producto, al menos dos veces a la semana, puede aumentar nuestro riesgo de muerte en hasta dos veces, comparado con alguien que posee una dieta sin este acompañamiento.

Pero ¿qué es la vida sin algo de riesgo? Si las papas fritas nos quitan años de vida, entonces felices queremos morir por ellas. Aunque eso sí, no con cualquiera.

Si vamos a morir por culpa de una papa, que al menos sea con gloria y no con cualquier cochinada que pretenda merecer ir a nuestro cuerpo.

Ya sea junto a un pollo asado, una hamburguesa o hasta unas salchipapas ¿Cuáles son las papas a las que debemos entregar nuestros preciados años de vida?

Papas de cono

El cono de papas fritas debería ser un patrimonio de la humanidad. No solo permite convertir al acompañamiento de un almuerzo en un snack tan maniobrable como un helado, sino que logra que estas estén disponibles en prácticamente cualquier sitio.

Los conitos por lo general son sinónimo de papas hechas al aire libre, ya sea en la playa, en una plaza o el cualquier sitio con mucha gente y su calidad dependerá directamente de cuantas veces haya sido reutilizado el aceite. Pero una vez que notas que el conito comienza a ponerse transparente, sabes que estás entregando parte de tu vida para quedarte con el sabor.

Papas prefritas

No, en serio. Por favor no. Sabemos que la vida en la ciudad nos deja poco tiempo para dedicar a hacer las cosas que de verdad nos gustan, pero si van a comer papas prefritas, mejor no lo hagan.

Da lo mismo si son con aceite o al horno, y no importa si al final las adornas con lo que sea, una papa prefrita es solo una excusa para meterse sal y aceite de manera gratuita, olvidándose del verdadero ingrediente central: la papa.

Papas bravas

Esta preparación española se ha vuelto bien popular en los círculos bohemios aburridos del corte clásico de las papas fritas acompañadas con ketchup. Y con razón, ya que estas papitas de corte más grueso, como si fuesen dados, y acompañados de la salsa que le da el nombre a la preparación. Es la tapa perfecta.

Acá, la clave está en la salsa brava, la cual debe ser picante y suave a la vez, por lo cual encontrar las papas bravas perfectas suele ser algo complicado ni algo que buscaría en cualquier sitio con cervezas de litro. Pero cuando está bien lograda, estamos encantados de ceder nuestra salud, sobre todo para pasar estos días de invierno.

Papas rústicas

Cuando vemos papas rústicas preferimos leer papas flojas porque, en serio, ¿Qué es una papa rústica sino que el resultado de un cocinero que le dio lata cortar y pelar una papa para dejarlas con el tamaño adecuado?

Es cierto que papas más gruesas tienen un sabor diferente, menos crujiente y más tirado hacia la papa cocida, pero al final termina siendo como una papa dorada y con una cáscara que la mayoría de la gente igual termina sacando. Como la versión cuica de la papa frita, la papa rústica termina pareciendo una preparación a medias que solo se salva porque la aderezan muy bien.

Papas de bolsa

No hay nada peor que cuando uno pide un sandwich con papas fritas que en vez de un delicioso montoncito de papas llegue una bolsa con papas crujientes. Los gringos solucionaron este problema diferenciando a las fries de los chips, pero en español podemos caer en terribles confusiones.

Las papas fritas de bolsa, de tarro o en ese invento infernal llamado papas hilo son ricas pero en su contexto: como un snack, para la convivencia del trabajo o para la colación poco saludable del colegio, pero no están a la altura para llamarlas papas fritas, aun cuando sean papas y sí, estén fritas. Que la RAE nos ayude.

Papas de cuneta

Es tarde, tienes hambre y por la hora probablemente ya has tomado varias malas decisiones durante el día. Tanto que una mala decisión más no parece tan terrible. Así es como nace la oportunidad de comprar papas fritas de algún puesto callejero, una apuesta tanto de sabor como para nuestra salud.

Por lo general se venden en puestos junto a pollo asado, empanadas, arrollados primavera, sopaipillas y otro tipo de frituras callejeras y probarlos es siempre una apuesta. Lo único seguro es que las servilletas que te pasan son de un papel que no nació para limpiar manos. No siempre son recomedables, pero todos tenemos unas regalona.

Papas del McDonalds

No. Acéptalo, sólo te gustan porque las llenas de ketchup.

Papas caseras

Después de todo este recorrido por la papa perfecta, la verdad es que la mejor papa que podemos comer es la que hacemos en casa. Pelando la papa, cortándola a nuestro antojo y colocándola en el aceite que nosotros mismos preparamos.

No hay nada como unas buenas papas fritas caseras, y aunque las disfracen con otros nombres, apellidos y salsas, o les hagan acompañamientos maravillosos, la esencia de la papa frita siempre será la vieja y confiable hecha en casa, drenada con toallas de papel y con esa imperfección en el corte que te entrega papas crujientes o blanditas en un mismo plato.

Porque si hemos de morir comiendo papas, que al menos sean hechas con nuestras manos.

 

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