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Los peligros de interpretar a un payaso malvado

4 SEP 2017 / Cine

Los peligros de interpretar a un payaso malvado

Convertir a una figura que nos debe hacer reír en una que nos asusta y nos aterra no es tarea fácil ¿cómo afectan estos papeles a los actores?


Coulrofobia es el nombre de la fobia a los payasos, un mal que si bien aun no ha sido reconocido de manera oficial por alguna Asociación de Psiquiatría, pareciera estar muy presente en nuestras vidas. Y es que, al menos en lo que respecta a su representación en los medios, los payasos se han convertido en materia fácil para inspirar miedo en diferentes obras de ficción. Ya sea de manera directa, en cintas como Los Payasos Asesinos del Espacio Exterior o en It, donde se muestra a los payasos como seres sin piedad, o en personajes con rasgos de payaso como El Guasón, un villano que utiliza marcas registradas de estos personajes como la cara pintada y las risas para derribar la imagen tradicional del villano.

Es precisamente esta dicotomía, la de un ser terrible que en realidad debería hacernos reír que levanta la duda sobre cuánto puede llegar a afectar a un actor representar a uno de estos malévolos payasos. El sitio Gizmodo se hizo la pregunta y consultó a un grupo de actores y de psicólogos sobre el impacto mental que podría llegar a tener interpretar a alguno de estos papeles con una carga negativa tan alta.

La psicóloga forense y actriz retirada Cheryl Arutt, de la Escuela de Psicología Profesional de California, dice que no hay ningún problema con este tipo de papeles y que de hecho, hay más beneficios en practicar estos escenarios en el contexto del arte que en la vida real. “Ser un payaso malvado en una película puede ayudar a suprimir los impulsos sombríos que pueda llegar a tener”.

Para el psicólogo Doug Joywdy, en cambio, la influencia del papel depende de varios factores: el tipo de actuación, la cantidad de tiempo usada en el ensayo, qué es lo que está pasando en la vida del actor, que tan malvado sea el papel, qué es lo que hará la persona después que termine la producción y las motivaciones tanto conscientes como inconscientes para haber aceptado el rol.

Básicamente, si se trata de un papel demasiado demandante en un mal período de la vida, el papel puede terminar siendo perjudicial. Algo similar a lo que le pasó a Heath Ledger y su interpretación del Joker en The Dark Knight, a quienes sus cercanos señalaron que el papel terminó consumiendo parte de su vida lo que finalmente de desencadenó en el suicidio del actor. No es que el papel haya tenido la culpa, pero en el estado emocional en el que estaba, se trataba de un personaje demasiado intenso como para no haber dejado huellas.

La psicóloga y dramaterapeuta, Naomi Hynd concuerda con esa visión, aunque tiende también a entregar una visión más positiva, a través de un proceso llamado Deroling, en el cual interpretar a personajes que son diametralmente opuestos a nosotros nos puede servir para identificar las diferencias entre roles negativos y nuestras personalidades.

¿Y que hay con los actores? Sid Haig, quien interpretó al Capitán Spaulding en La Casa de lo 1000 Cuerpos, dice que la preparación para el rol fue compleja, ya que debió encontrar “al sociópata que todos llevamos dentro”, pero que luego sirvió para poder liberar toda esta locura en un ambiente donde uno la controla y no al revés. Pero mientras estaba en la grabación, confiesa que dejar a ese lado oscuro de lado era bastante complejo, sobre todo por su método de actuación.

Harrod Blank estuvo en Los Payasos Asesinos del Espacio Exterior y también cree que fue una experiencia positiva, sobre todo para aprender por qué la gente le teme a los payasos: “Detrás de una máscara nadie sabe quien eres realmente, así que la maldad se puede esconder más fácilmente”.

La conclusión del artículo parece ser evidente: como con cualquier otro papel que raya en la locura, interpretar a un payaso asesino puede ser una gran experiencia si es que estás consciente de lo que estás haciendo, mal que mal, Tim Curry nunca cometió algún crimen después de It, pero si es demasiado demandante y el estado de ánimo no acompaña, los efectos pueden ser fatales e incluso más peligrosos que encontrarse con un payaso en la calle.

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