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Reigns vs. Strowman y los destellos de la era de la Actitud

10 JUL 2017 / Wrestling

Reigns vs. Strowman y los destellos de la era de la Actitud

La Lucha de Ambulancia en Great Balls of Fire fue el momento más alto del evento y el punto cúlmine de un feudo donde ambas partes salieron ganando.


Para ser un evento con el peor nombre de la historia, Great Balls of Fire se convirtió en uno de los mejores PPV que ha producido RAW desde la separación de las marcas. A pesar de algunos finales apresurados, el nivel de las peleas estuvo acorde a un evento PPV y, lo más importante de todo, los personajes están funcionando dentro del ring.

Pero quizás la pelea por la que se recordará el primer Great Balls of Fire de la historia de la WWE será la lucha de ambulancia entre Braun Strowman y Roman Reigns. Un encuentro de una duración justa y sin más ambición que contar una buena historia. Una de esas que nos recuerdan los tiempos en los que la violencia desmedida era el centro de los relatos de la entonces, WWF.

En el recuerdo de la Attitude Era como el clímax de la lucha libre hay mucho de nostalgia, pero también mucho de enamoramiento que en cierta forma ciega la manera en que recordamos ese tiempo. No es que haya dejado de gustarme, todo lo contrario. Fue gracias a todos esos personajes con actitud, cuestionamientos a la autoridad y peleas desenfrenadas es que terminé convirtiéndome en el fanático de las luchitas que soy hoy.

Pero el problema principal que tiene la lucha moderna es que la técnica y gracias de los luchadores ha avanzado más rápido que su habilidad para contarnos historias. No es raro ver a decenas de luchadores con gran habilidad y talento, pero que se pierden cuando hay que construirles un personaje.

Y al final de cuentas, lo que más importa en la lucha libre como forma de relato son sus personajes y su evolución. Y qué mejor ejemplo que lo que ha estado pasando con Strowman y Reigns.

Ambos peleadores están por lejos del talento e innovación que tiene la nueva camada de luchadores que ha llegado a WWE. Braun Strowman no es nada más que un luchador fuerte, que sobrevive gracias al arquetipo que alguna vez tuvieron el Big Show o Kane

Y Roman Reigns, bueno, Roman es quizás el luchador más criticado del momento, más que nada por su rápido ascenso como la estrella principal de la WWE, sin un arsenal de movimientos ni de promos que lo avale. Un nuevo John Cena pero sin la habilidad en el micrófono ni grandes momentos que lo hagan memorable.

Es por eso que cuando apareció la idea de que Strowman y Reigns se enfrentarían en un feudo, en el papel, se veía como algo aburrido, una historia hecha sólo para mostrar a Reigns como alguien fuerte. Pero en realidad, estábamos frente a un relato que a ratos nos recuerda la manera con la cual nacían las estrellas en la era de la Actitud.

Hagamos un recuento. Abril pasado. Roman Reigns venía de haber ganado el evento principal de Wrestlemania y de haber retirado al Undertaker. La respuesta del público, evidentemente, seguía siendo de rechazo ante la estrella que ahora se autodenominaba “el dueño del patio”.

Acá es cuando ocurre el primer hecho que nos remite a la lucha de Great Balls of Fire: Strowman interrumpe una entrevista a Reigns y no solo lo golpea sin parar, sino que lo mete a una ambulancia y luego da vuelta el vehículo con sus propias manos. Sí, sigue siendo real para mí.

Hago mención a este momento por dos motivos: el primero, es evidente: Braun da vuelta una ambulancia. Con una persona adentro. Después de haberla lanzado desde una camilla. Todo demencial.

Pero la segunda razón de por qué hay que recordarlo, es que esto pasó hace ya tres meses y, de no haber sido por la lesión de Strowman, que retrasó todos los planes de esta historia, quizás estaría más fresco en nuestra memoria.

Tras este enfrentamiento y represalias por parte de Roman Reigns, Strowman se lesiona el brazo, le dan seis meses de tratamiento y de pronto Reigns se quedaba sin un rival digno para hacerlo ver fuerte, para seguir construyendo su historia. El conflicto, que debió haber terminado en Extreme Rules, ahora quedaba en el tintero.

Obviamente la lesión no era para tanto y Strowman vuelve, en el mismo vehículo usado para torturar a su rival, en una edición de RAW en el mes de junio. Ahora Strowman llegaba no solo más fuerte, sino que con un motivo para vengarse de Reigns.

A esta altura, el público estaba dividido. La fanaticada real de Roman Reigns quería que Strowman pagara por su locura, mientras que sus rivales encontraron en Strowman una figura imposible de no querer, ya que representa la ira que la mayoría del llamado Universo de la WWE tiene contra Roman. Y lo hace utilizando códigos que probablemente los representen: peleas callejeras, interrumpiendo matches y rompiendo mesas.

Braun Strowman es la encarnación de la era de la Actitud, lanzando su furia contra el ídolo de la era PG. Y la lucha de ambulancias fue un reflejo de eso, de esas dos eras chocando entre ellas.

Y de ahí en adelante, la lucha fue un regalo tras otro de momentos que probablemente recordaremos por mucho tiempo.

Este, por ejemplo, donde Strowman recibe sillazos como si nada, se manda un son of a bitch y arremete contra Reigns como el verdadero “Monstruo entre hombres” que tiene que ser.

O acá una secuencia donde no nos da pena que Reigns se recupere sino todo lo contrario, haciendo la ya clásica rotura de pantalla.

Pero nada mejor que el final de la pelea. En serio, puedo mirar este momento una y otra vez y nunca dejar de pensar en la genialidad de haber usado el finisher de Reigns como su propia tumba.

Pero segundos después de eso, todo cambia.

Todo cambia y por primera vez en mucho tiempo, comenzamos a ver destellos de lo que alguna vez fue la era de la Actitud.

Luego de perder su lucha, Reigns sale enfurecido de la ambulancia, esa que ya lo había hecho sufrir dos veces, y decide tomar la acción con sus propias manos. Y este, amigos, es el momento que definió toda la noche.

Roman se da cuenta que luchando con sus propias reglas ya no puede lograr mucho, así que decide invertir los roles. Para ganarle a la encarnación de la era de la Actitud tienes que superarla, y así es como nace este segmento lleno de ese surrealismo que nos encanta.

Solo piensen en lo que acaban de ver. Roman Reigns saca al chofer de la ambulancia solo para robársela y golpear a toda velocidad a un Strowman que yacía inconsciente en la parte de atrás del vehículo. En la vida real, eso es un intento de asesinato, en el mundo de la lucha libre, una merecida venganza.

Hasta ahí , el final perfecto para una historia clásica, que demoró mucho en terminarse, pero que funciona.

Sin embargo, aun quedan respuestas sin resolver, y tiene que ver con el futuro de ambas superestrellas.

Sabemos que Roman va directo a Summerslam para enfrentar a Brock Lesnar, a menos que eso cambie durante estas semanas. ¿La razón? En lenguaje de lucha libre, Roman Reigns terminó actuando como el rudo, principalmente por tratar de matar a su rival y escapar de la escena del crimen, mientras que Strowman, el verdadero rudo de toda la historia, emerge de la ambulancia, sangrando pero sin requerir asistencia médica, levantándose por sus propios medios y levantándose aun después de un ataque a todas luces, injusto.

¿Quién es el bueno y el malo? La verdad, es que poco importa, ya que como toda historia noventera, los roles entre ambas partes siempre fueron difusos. Pero ¿podría significar esto un castigo para que Roman pierda su cupo en Summerslam en favor de Strowman? Quiero saberlo, como nunca, quiero saberlo ya.

Y a pesar de todo lo maravillado que quedé con la pelea, el tema de fondo es que tampoco es necesario pensar que este tipo de tratamientos lo soluciona todo. La historia de The Miz, por ejemplo, es otro tipo de relato que no requiere de venganzas ni peleas callejeras ni mucho menos de autos veloces para funcionar. O como The New Day hace la transición de su discurso a peleas que se ven tan divertidas y livianas como sus promos.

Puede que no estemos viendo nada nuevo y puede que volver a las historias contadas como en los 90 no sea la solución para todos. Esto de ninguna manera será una vuelta de tuerca en la dirección que la WWE ha tomado, pero si demuestra como es posible armar la personalidad de dos luchadores sin mucha agilidad ni movimientos vistosos, pero a través de un relato simple que termina una historia, pero deja todo el potencial para lo que viene.

Pero independiente ese análisis, lo mejor de la lucha de ambulancia es que nos dejó no con uno, sino con dos rostros totalmente ovacionados por el público por las razones que sean. Algo que de cara a Summerslam no puede ser más que lo mejor para los negocios.

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