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Review | Alien: Covenant, un refrito intrascendente

22 MAY 2017 / Cine

Review | Alien: Covenant, un refrito intrascendente

La nueva película de la saga, dirigida por Ridley Scott, carece de originalidad en su intento por alejarse lo más posible de Prometheus.


Las quejas de la audiencia terminaron jugándole en contra. Fue tanto el nivel de críticas en contra de Prometheus, ya sea por la falta de xenomorfos o la nula resolución sobre el misterio de los “Ingenieros” respecto a su nexo con la película original de la saga, que Ridley Scott se vio obligado a dar marcha atrás en su plan de abordar una precuela que se valiera por si misma, sin las amarras de una franquicia que el propio director consideraba agotada en términos de su monstruo principal.

Ese giro en el timón se nota demasiado en la más reciente entrega de los monstruos con sangre de ácido, Alien: Covenant, una película que tiene poco de la originalidad que, más allá de las críticas, marcó a Prometheus, obra que ponía sobre la mesa temas novedosos y buenos momentos, pese a ser una película confusa y de personajes con decisiones cuestionables. Pero los elementos que evaluaba aquella película aquí son enviados al basurero con un absoluto desdén, en una secuencia de destrucción que elimina a los “Space Jockeys” de la ecuación.

De ahí que Alien: Covenant está a mitad de camino entre una película que busca responder cristalinamente todo lo que dejó en ascuas Prometheus, con una que satisfaga un estilo más cercano a la película de 1979. El resultado a la larga es una historia de respuestas poco interesantes e innecesarias, ya que siendo sinceros nunca necesitamos conocer el origen de los xenomorfos. Más aún, esta secuela deja atrás a la mitología atractiva que tanteó Prometheus, aquella que buscaba responder dudas existenciales sobre el ser humano y su rol en el cosmos.

Mucho de lo presentado en esta precuela, que aún está lejos de acercarse en tiempo a los sucesos que marcaron a la Teniente Ripley, tiene aire de refrito. Desde elementos de su historia, que incluyen al primer chestbusters de la historia, hasta secuencias de acción que innegablemente recuerdan soluciones y resoluciones de las propias secuelas de esta franquicia. Respecto a esto último, dichas escenas no llegan ni al suspenso ni al manejo de acción del Aliens de James Cameron, a pesar de parecer por instantes guiños directos a aquella película.

Quizás por eso el mayor error de Alien: Covenant radica en dejar la sensación de que todo lo planteado ya se ha visto y que su propuesta carece de originalidad. No solo dicha falta de novedad radica en lo que ha sido la saga, sino también como parte de la propia filmografía de Ridley Scott. Hay temas ciertamente interesantes, y por eso no se puede descartar así como así, pero sin duda existe un hálito de Blade Runner sobre el propósito de la inteligencia artificial.

Además de ese refrito, también nos presentan a un Ripley wannabe sin gracia, cuyo destino nunca importa mucho. La historia en este caso está más enfocada en sacar el jugo a David, el androide interpretado por Michael Fassbender, y su contraparte, Walter, que carece de creatividad pese a ser un modelo más avanzado. En ese camino, la película cuenta con un par de escenas de terror gore que justifican la entrada como un mero espectáculo, pero no mucho más.

Al centro de esa historia está David, quien ha pasado una década buscando concretar su propósito en contra de un creador que estableció márgenes cerrados para su accionar. Y hasta el mundo en el que se encuentra dicho ser artificial llega la tripulación de la nave Covenant, plagada de parejas que buscan colonizar un nuevo mundo y que desvían su camino tras un accidente que por azar los lleva a detectar un mensaje por parte de Elizabeth Shaw, la protagonista de Prometheus.

A partir de ahí la historia se mueve entre el misterio y la desolación, presentando cómo la tripulación del Covenant llega a un mundo muerto que no tiene nada del paraíso prometido sobre los creadores de la vida sobre el planeta Tierra. El líquido negro, aquel que mutaba a los tripulantes de Prometheus, diez años después ha evolucionado artificialmente, dando pie a que la muerte de paso a la creación de un arma biológica perfecta creada con un solo objetivo: destruir la existencia humana imperfecta.

Alien: Covenant no es un bodrio, no al menos en el sentido estricto de la palabra, ya que tiene varios elementos interesantes en medio de un metraje que cumple con lo justo respecto a su suspenso, pero son tantas las cosas que ya hemos visto en su relato, y está tan predeterminada en su búsqueda de ligarse lo más posible a Alien, que a la larga sus respuestas no son satisfactorias y termina alejándose completamente de la esencia de la película original. Esta ya no es una historia sobre el terror desconocido. Ahora nos cuentan con peras y manzanas, en vez de estremecernos con la idea de que en el espacio, nadie nos escuchará gritar.

En Alien: Covanant no hay novedad, no hay un giro llamativo y todo se vuelve un ejercicio sumamente previsible sobre la ruta que quieren abordar respecto a la creación de los xenomorfos. Por eso lo lamentable es que esta sea una película mediocre que se puede disfrutar si no conoces nada de la saga, que inclusive puede mantener la tensión en base a una serie de secuencias gráficas que empujan el relato pese a tener una resolución demasiado previsible. Los personajes son desarrollados lo justo y necesario como para reconocer de inmediato cuáles serán carne de cañón.

A veces es mejor que una película sea algo completamente malo, ya que al menos ahí se despierta la pasión por cuestionar el resultado final. En este caso, todo termina dando lo mismo y la propia existencia de esta precuela es puesta en duda. No hay mayor avance significativo salvo reencausar el relato y olvidarse de aquel proto-Alien que ya nos habían presentado en la película anterior. Pero la saga perfectamente podía vivir sin Covenant y ciertamente eso es lo peor que le puede pasar a una precuela. Volverse intrascendente.

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