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Review | Bohemian Rhapsody, un tributo oficial en playback

26 OCT 2018 / Cine

Review | Bohemian Rhapsody, un tributo oficial en playback

La película de Queen es un biopic demasiado tradicional para una banda que no lo fue.


¿Supe algo nuevo de Queen o Freddie Mercury con Bohemian Rhapsody? La respuesta es un rotundo no. ¿Y escudriñan en el trabajo artístico para exponer los cómos y por qués de su música? Lo cierto es que no y he ahí la gran falencia de esta producción. Simplemente se quedan en la superficie al estar más preocupados de recrear.

En el fondo y la superficie, Bohemian Rhapsody es un biopic tradicional que expone su historia desde un prisma endulcorado, sin voz ni visión propia sobre lo que fue y representa Queen. Claro, eso bien puede deberse a que, en medio de sus filmaciones, su director recibió el sobre azul en medio de las acusaciones en su contra. Ups.

Pero siendo Bryan Singer el sujeto en cuestión, probablemente aquí nunca se iba a escuchar la voz de un realizador queriéndonos decir algo sobre la banda. En cambio, nos encontramos con ideas súper simples que no le sacan el jugo a las actitudes del rock que van apareciendo en pantalla y que parecen permeadas por el hecho de que esta película cuenta con el amparo oficial de la banda.

De hecho, lo que sí tiene esta película biográfica es la excepcional música de la agrupación británica, lo que le sube los bonos y le da una potencia que ayuda a que toda la producción cuente con un sentido de fiesta hecha por y para fans. Y ante eso, probablemente nadie lo va a pasar mal.

En una historia que toma como punto de partida la antesala del histórico recital Live Aid de 1985, Bohemian Rhapsody rápidamente da directo un salto al pasado, al génesis de Queen, en una época lejos de la fama y éxito. Pero el tiempo en esa etapa más desconocida es sumamente exiguo, ya que sus realizadores están más interesados en el brillo y las luces, desenvolviendo de regreso a la pantalla una historia de tópicos tradicionales que aborda un explosivo auge que cuenta con extrema devoción.

Sin mucho espacio a la discusión, en Bohemian Rhapsody exponen a Queen como una banda que prácticamente explotó desde su origen como la fuerza creativa inusual que fueron, pero sin explorar su transformación más allá de pequeños momentos que pasan y se olvidan. Al frente además vemos a un actor dándolo todo por interpretar sin ser eclipsado por las propias particularidades del brillante sujeto en cuestión.

Quizás por eso, aunque la película utilice en su título a la clásica canción que es parte de su propio género, el subtítulo de la traducción en español la presenta en los primeros minutos como “la historia de Freddie Mercury”. Esa es la mayor preocupación de esta película y quizás su mayor acierto, ya que establece cómo el cantante opacaba a todo el resto de la agrupación con el magnetismo histriónico del mejor frontman de la historia.

Y Rami Malek, el actor responsable de interpretar a Mercury, también opaca a todo el resto de la producción, entregando una performance que cautiva por lo notable de su estudio sobre los gestos de Mercury. Pero si bien la película rara vez logra estar a su altura, y es tosca a la hora de abordar con mayor sensibilidad a su fuerza creativa, también hay que tener súper en claro desde el primer minuto que el cantante simplemente no es replicable.

A lo largo de toda esta producción, las letras y la música de Queen se entrometen creando una nebulosa que nubla la apreciación. Como fan de la banda, es inevitable subirse al carruaje de esta reina. Sus minutos finales, en los que recrean el gran recital en Wembley, desatan una verdadera fiesta en donde el tributo explota y esta película alcanza su cota más alta.

Y sí, los efectos digitales se notan en exceso en la recreación de la audiencia y el propio estadio, pero en la escena existe el trabajo suficiente como para evitar que esto termine siendo un biopic muerto más. De todas formas, no es menor que este biopic cae en una burda ficcionalización, ya que su guión da pie a que todos los nudos dramáticos se resuelvan en el día de ese recital.  Y esa es la decisión narrativa más torpe de la película.

Mal que mal, en el camino de las 2 horas y 15 minutos de metraje, temas como la sexualidad de Mercury, su imagen pública o las relaciones al interior de la banda no tienen la profundidad necesaria que quizás habría elevado a este biopic de la media habitual. Pero claro, esta no es Lawrence de Arabia, Toro Salvaje ni The Social Network.

Al final, hay que apreciar la lograda y detallada recreación del escenario del Live Aid. También celebrar su tributo oficial en playback, probablemente el más costoso de toda la historia. Pero si se preguntan si esto es la vida real, la verdad es que es más una fantasía.

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