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Review | The Cloverfield Paradox es la caja de sorpresas de Bad Robot en su máxima expresión

Netflix sorprendió a todos concretando el estreno de la tercera parte de esta saga antológica que finalmente entrega una respuesta sobre cómo podría estar todo conectado.

Quizás lo más memorable de The Cloverfield Paradox terminará siendo la forma inédita en la que fue estrenada. Con un lanzamiento sucesivamente retrasado en Estados Unidos, finalmente Netflix se hizo de los derechos de parte de Paramount Pictures y anunció la película solo horas antes de su presentación en el servicio de streaming.

Con esa decisión, llevaron al siguiente nivel a la estrategia de la productora Bad Robot. Mal que mal, las dos películas anteriores de esta propuesta antológica, Cloverfield y 10 Cloverfield Lane, fueron lanzadas en cines solo un par de meses después de que fuesen reveladas con sorpresivos tráilers.

En este caso, The Cloverfield Paradox sigue la propuesta que se conocía desde que el proyecto tenía por nombre God Particle. Es decir, desde sus primeros segundos nos hablan de una crisis energética que tiene al mundo al borde del colapso, por lo que un equipo internacional de astronautas probará un colisionador de partículas para obtener una fuente energética inagotable. No obstante, la prueba es tan peligrosa que debe ser llevada en el espacio, en una estación internacional avanzada llamada… Cloverfield.

Desde el comienzo de su propuesta, con un cameo de Donal Logue interpretando a un conspiranoico nivel Salfate, advierten que el experimento podría provocar una paradoja de riesgos insospechados. Pero la ciencia, sin embargo, confía en que todo está calculado. O casi todo.

De esta forma, en esta película dirigida por Julius Onah, nos establecen que el acelerador en cuestión es miles de veces más poderoso que cualquier otro que se haya construido, mientras los conspiranoicos adivierten que sus pruebas podrían romper “la membrana del tiempo y el espacio”. La posibilidad de desatar el caos termina instalándose como el telón que sirve de fondo a todas las interrogantes.

Con su propuesta encabezada por la científica británica Hamilton (Gugu Mbatha-Raw) y sus problemas personales, la historia de The Cloverfield Paradox también establece que el equipo está conformado por astronautas de diversas nacionalidades. Y en un mundo al borde de un conflicto de escala mundial, esa situación da pie para que las desconfianzas se potencien entre el resto de personajes interpretados por actores como David Oyelowo, Daniel Brühl, Chris O’Dowd, Ziyi Zhang y Elizabeth Debicki.

Asimismo, como la película se sitúa en un mundo al borde del colapso, los sucesos que se dan en La Tierra establecen la importancia de que la misión cumpla su objetivo. Como tal, nunca es puesta en duda la necesidad de realizar el experimento y por eso su propuesta gana fuerza una vez que comienzan a desarrollarse los sucesos inauditos que provoca. Obvio, la amenaza se consolida y termina resquebrajándose la realidad, abriendo la puerta a terrores familiares.

La apuesta de esta película innegablemente está relacionada a la idea de una caja de sorpresas. Tengan en cuenta que desde la era de Lost, las producciones de Bad Robot han estado definidas por una apuesta de ocultar elementos de historia, bajo la idea de que su fuerza está en desconocer varios detalles y no en la entrega de respuestas directas. En ese caso, y pese a que con su propuesta se entiende cristalinamente la idea este universo de películas, The Cloverfield Paradox es esa idea llevada al extremo.

Quizás por eso su apuesta tiene sus mejores momentos cuando se vuelve realmente extraña, no entrega respuestas en bandeja y sale de la fórmula trillada del thriller espacial de desconfianzas. Es decir, cuando saca a su “monstruo de humo” y atrapa en secuencias que destacan más allá de sus clichés. Al mismo tiempo, su propuesta es reforzada porque es una película de relativo bajo presupuesto, que se ve más cara de lo que es y que está apoyada en elementos como la música de Bear McCreary (Battlestar Galactica) que elevan a toda su producción.

Pero The Cloverfield Paradox peca a grandes rasgos porque se siente que su guión no está del todo pulido. Inclusive llega a dar la impresión de que esta era originalmente una historia diferente, que fue amoldada a este universo antológico en el camino. Quizás por eso su conexión con las otras películas se relaciona con un tipo de respuesta que dejará a tanta gente insatisfecha como la que surgió con el final de Lost.

Sin ser realmente original, en un terreno en donde todos saben que en el espacio nadie te puede escuchar gritar, The Cloverfield Paradox probablemente hubiera muerto en los cines sin mucho bombo. Por eso su mejor opción era ser estrenada directamente en Netflix, disfrutándola más como una película directo a DVD que nunca tuvo mayores pretensiones. Si son fans de la ciencia ficción, mejor aún. Ese es mi caso y la película cumple en lo que le compete, más allá de esté varios peldaños más abajo.

Por otro lado, también hay que tener claro que nunca sabrás qué encontrás en una caja de sorpresas. No tendrás claro si te gustará o no lo que te tienen preparado, ya que puedes hallar un bombón o un tortazo en la cara. En ese sentido, Cloverfield Paradox, tras ser desechada por Paramount Pictures, no es ni lo uno ni otro, aunque es innegable que es por lejos la más débil de todas las películas de esta saga.

Aceptando eso, teniendo en claro que el plato servido es una receta recocida, es probable que puedan valorar su notable secuencia final o la forma en que establecen la conexión entre esta y los proyectos cinematográficos previos del monstruo gigante en Nueva York o la historia paranoica del búnker. Lo necesitasen o no, ahora sí tienen una explicación.

El cómo recibirán esa respuesta, depende de ustedes y de qué tan proclives sean a responder afirmativamente la siguiente interrogante: ¿Les gustaría que concretasen un episodio de Black Mirror que explicase cómo todo está conectado? A grandes rasgos, eso es The Cloverfield Paradox, para bien y para mal.

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