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Review | Cuphead, mucho más que una joya visual

25 OCT 2017 / Reseñas

Review | Cuphead, mucho más que una joya visual

El juego indie del año justifica todo su hype entregando una apuesta que en primera impresión destaca por su diseño pero que termina atrapando por su gameplay.


Lo primero que llama la atención en Cuphead es su llamativo diseño, que nos entrega coloridas imágenes que recuperan no solo el estilo, sino también la irreverencia de la primera era de la animación. Dicho apartado es una verdadera joya retro, que sin duda da pie a uno de los juegos más hermosos del último tiempo.

Pero ese aspecto visual, influenciado por pilares fundacionales como el trabajo de los estudios Fleischer, con sus alocados Talkartoons,  y que se preocupa notablemente de dar fluidez a los movimientos de cada elemento que aparece en pantalla, rápidamente da paso al punto que sustenta toda su propuesta: una dificultad más propia de los juegos de antaño, que de las apuestas más contemporáneas que parecen cada vez más fáciles de terminar.

No es que Cuphead sea un juego imposible, pero requiere de tiempo, de concretar una travesía de ensayo y error, en donde cada jugador debe aprender patrones de ataques y movimientos. Así, paso a paso se logra identificar la mejor ruta a seguir en cada uno de los niveles que nos propone esta notable creación de Chad y Jared Moldenhauer, directores y cabecillas del indie StudioMDHR.

A grandes rasgos, su propuesta es un juego tipo run-and-gun que nos presenta un mapa en el que vamos desbloqueando rutas a medida que avanzamos sorteando dos tipos de desafíos que nos ponen a prueba.

Por un lado están las escenas en donde debemos recolectar cinco monedas para completar una aventura en plataformas. En ese punto hay que eliminar enemigos, aunque también hay un premio por ser absolutamente pacifista. En el camino, también hay que evadir ataques, o simplemente sortear enemigos que cortan el paso, para intentar llegar impune a la meta.

Los controles del juego son simples, ya que puedes disparar, apuntar, esquivar y saltar (o bajar de una plataforma), apuntando a la simpleza de la vieja escuela. De ahí que durante el juego se van notando similitudes con algunos clásicos como Contra o  Metal Slug, aunque su gran diferencia es el siguiente apartado, el gran foco del juego..

Cuphead se potencia por entregarnos un enfrentamiento contra gigantescos jefes que cortan el camino en una historia como las de antaño, ya que dos niños pierden sus almas ante el diablo por avaricia y su misión es recuperar los contratos de otros habitantes de una isla en la que, al parecer, perder un alma es pan de cada día.

Al enfrentar a esos gigantescos enemigos, tenemos que aprender patrones de ataque y, con el tiempo, hacer uso de las monedas recolectadas para comprar nuevas armas, súper ataques y otras mejoras en la tienda e identificar cuál es la más efectiva para cada jefe.

En ese escenario, hay dos tipos de jefes: aquellos que debemos enfrentar a pie o tomar el control de un avión para enfrentarse a estas gigantescas criaturas poseídas en el aire al más puro estilo de un shoot’em up horizontal. Todos estos niveles tienen diferentes fases, los que cuentan con una dificultad creciente.

El juego además premia por realizar movimientos parry, con la misma lógica de Street Fighter III,  o por no recibir golpes durante los enfrentamientos, ya que al final de cada escena se entrega una calificación. Si pensaban que lograr terminar el nivel es difícil, intenten lograr la nota máxima.

Al premiar la perfección, la vida de Cuphead como videojuego se alarga notablemente, ya que la idea no es solo lograr llegar al final de una pantalla o eliminar a los enemigos, que incluyen un maldito payaso en la montaña rusa que te ataca con un carrito chocador, globos tipo perro y un carrusel de la muerte. Los diseños de cada jefe, la diversidad de sus ataques y la forma en que logran establecerse individualmente como una representación de los diversos escenarios que marcaban a los antiguos dibujos animados, es ejecutado de forma espectacular.

La idea no es solo derrotar a los jefes, sino que también convertirse en un amo y señor de Cuphead. El juego a cada momento te entrega un recordatorio de que no lo estás terminando al 100%, lo que otorga un afán completista que no está asociado solo a la recolección de trofeos.

Por eso quizás lo más notable de Cuphead es la forma en que potencia su curva, la forma en que crece de la mano de la experiencia que adquiere cada jugador. Nivel a nivel, el jugador se va adecuando a desafío, permitiendo que este juego no solo se quede en el aspecto gráfico de su homenaje nostálgico por aquello que fue hace más de 80 años.

Aunque en primera instancia parece imposible sortear un nivel en el que un jefe se transforma en una gigantesca luna que ataca cada rincón de la pantalla, inevitablemente se logra la tarea. De ahí que cada vez que uno logra pasar un nivel, se instala la idea de que estamos ante una verdadera hazaña. Más que frustarse, uno siente el llamado a mejorar. Al final, todo esto se reduce a aquella frase de Nicolás Massú: nada es imposible, ni una wea.

Pero, aún teniendo en cuenta lo anterior, hay que estar dispuesto al desafío, ya que aunque los niveles son cortos, generalmente no se terminan ni a la segunda ni a la tercera.

Aún así, sus responsables obligadamente dieron pie a que el sistema de juego de Cuphead tuviese algo así como ataques random teledirigidos en contra de los jugadores, lo que le otorga una sensación más impredecible a cada secuencia contra los jefes. No sirve del todo completamente aprenderse los patrones, ya que siempre habrá un ataque que no seguirá la lógica e impactará a aquellos que no alcanzan a reaccionar.

Además, siguiendo la línea de los juegos cooperativos, al menos se siente que la dificultad se potencia cada vez que un segundo jugador se suma la aventura, provocando que los jefes sean más resistentes y tome un poco más de tiempo derrotarlos.

Y antes de concluir, también hay que sacarse el sombrero ante el trabajo musical de este videojuego, que obviamente sigue al jazz para conducir a toda la acción que se va dando en la pantalla. Los epitetos para destacar el trabajo en este apartado se quedan corto.

Los responsables de Cuphead lograron validar todo el hype que se creó en la previa del retrasado lanzamiento de un juego que se venía prometiendo durante mucho, mucho tiempo. El resultado final es una verdadera joya. Cumple lo prometido en términos visuales y, más importante, supera las expectativas con su propuesta. ¿Qué más se puede pedir?

Cuphead está disponible en Xbox One, que es la plataforma en la que realizamos esta revisión, y PC.

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