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Review | Everything Sucks!, no todo apesta

19 MAR 2018 / Series

Review | Everything Sucks!, no todo apesta

Una vez que la serie se centra en sus protagonistas, y deja como adorno su nostalgia por la década de 1990, deja en claro que hay algo para escarbar aquí.


La primera vez que decidí ver Everything Sucks, una de las nuevas series estrenadas por Netflix, estaba de vacaciones. En ese momento, y considerando que su joven protagonista se instaló como una patada en las gónadas por su molesta actitud, tenía claro que había otras cosas mejores en las que podía ocupar mi tiempo. Cuatro episodios fueron mi límite y hasta ahí parecía quedar mi historia con aquella serie.

Casi un mes después continué la experiencia, con la esperanza de que las cosas buenas que vi en la serie terminasen primando por sobre sus notorias deficiencias, marcadas tanto por las caídas actorales de su joven elenco, como por una sombra que esta producción simplemente no se puede evitar.

Rememoren a George Harrison en Los Simpsons, viendo a Los Borbotones cantando en la azotea, con aquella clásica frase: “Eso ya se ha visto“. Pues bien, con Everything Sucks! bien podría ocurrir algo similar, si es que por frente de su set pasara el elenco de Freeks and Geeks.

Esa situación permea la experiencia con una serie como esta, que en definitiva logra sortear ese débil comienzo para sacar partido a su premisa. Y quizás lo más notable es que lo logra después de aquellos cuatro episodios iniciales.

Everything Sucks no solo está situada no solo en una fecha particular – los noventas – o un entorno conocido a partir de cientos de series y películas – la preparatoria estadounidense -, sino que también logra crear nexos por instalarse en esa época en la que las bromas sobre los callos en las palmas de las manos parecen lo más chistoso del mundo.

Ahí también está el interés de un adolescente afroamericano, llamado Luke, por la parca hija del director de su colegio, de nombre Kate, junto a  los problemas entre el grupo de un taller audiovisual con aquellos que son el foco del taller de teatro y los nexos que forjan sus personajes secundarios. Aquello enmarca a una serie que también aborda temas como la homosexualidad, los padres ausentes y la obsesión con aquello que no es correspondido.

Everything Sucks! plantea así aparentemente solo un viaje a otra época, en un pueblo cuyo nombre literalmente significa “Aburrido”, pero sus sucesos terminan reflejando no solo el ayer, sino también el ahora. Y una vez que eso sale a la luz, la serie deja atrás ese marketing de nostalgia que está cada vez más presente en series que no vale la pena sacar a colación.

Quizás por eso, una vez que sus personajes aceptan el egoísmo de sus propios deseos adolescentes, la superficie de Everythung Sucks!  queda relegada al campo del adorno, para revelar lo que realmente esconde esta serie: más corazón y preocupación por sus personajes de lo que podría haberse esperado de algo que se instala en primera impresión como un mero remedo.

Dicho despojo, el hecho de dejar atrás las apariencias, también es parte de la esencia de una serie que se beneficia notablemente por sus cualidades propensas al maratón. Sus episodios duran tan poco que, tal como pasa con Glow!, queda en claro que sus realizadores tenían ese aspecto en cuanta para sacarle partido al desarrollo de la historia de cada uno de sus personajes.

Atrás queda la biblioteca musical que tienen para evocar al pasado, también los guiños a otros elementos tan noventeros que llegan a dar vergüenza ajena, para poner sobre la mesa una propuesta humilde que habla sobre el valor de aceptarse y las diferencias que nos definen en el crecimiento. Everything Sucks! es encomiable como una serie  que abraza sus limitaciones, pero que se vuelve aún más entrañable a medida que vemos cómo sus personajes se equivocan, aceptan sus errores, se arriesgan o moldean por conveniencia.

En el camino, la serie plantea además la creación de una película escolar, algo clase B que inicialmente solo funciona como un pretexto para que los nerds audiovisuales eviten el bullying de los cool teatrales, pero que termina funcionando como un reflejo de lo que define a los personajes que forman parte de su realización.  Y en ese ámbito, el protagonista se vuelve menos insufrible y la ruta de Kate hace que todo se vuelva más entrañable, poniendo el corazón de Everything Sucks! en el lugar correcto, lo justo para dejar la puerta abierta para que las piezas se amolden correctamente con una segunda temporada.

Everything Sucks! no propone nada nuevo, pero lo que busca abordar lo termina haciendo con eficiencia y eso al final la justifica. A veces quizás algo puede tener pinta de apestar en la superficie, quizás hasta con la pinta de una mala copia o un revoltijo de otros experimentos (Hay un elemento con VHS que funcionan de forma similar a los casettes de 13 Reasons Why).

Pero poniéndole un poco más de ojo, escarbando un poco más en lo que nos quieren decir, con Everything Sucks! también queda en claro que inclusive en el refrito puede existir algo de luz.

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