*

Review | Forza Horizon 4 es la mejor fantasía millennial sobre ruedas

5 OCT 2018 / Reseñas

Review | Forza Horizon 4 es la mejor fantasía millennial sobre ruedas

El nuevo juego de conducción para Xbox One y PC no solo es el mejor de toda la franquicia, sino que eleva las expectativas de su género al siguiente nivel.


¿Qué tan bueno es Forza Horizon 4? Lo suficiente como para obsesionar a alguien que no tiene ningún interés por el mundo tuerca como yo.

En la vida real, soy un total fracaso al volante: fallé dos veces el examen de conducir y con suerte se identificar a los autos que veo en la calle solo porque alguna vez han sido un Transformer.

Pero en el mundo de Forza Horizon, y en ese sentido, debo darle crédito a la serie en su conjunto: desde el debut de la franquicia en el año 2012 y a diferencia de su hermano mayor -el Forza a secas- la serie Horizon se ha empeñado más en ser un juego sobre la dicha de conducir más que de carreras. Ese clásico dicho de “lo que importa no es el destino, sino el viaje” es la filosofía que engloba el diseño de una serie que en su cuarta entrega no solo ha refinado su fórmula, sino que la ha vuelto en algo casi perfecto.

Para los que aun no se han enterado, Forza Horizon 4 es un juego de conducción, en un mundo abierto, que se basa en un festival ficticio llamado Festival Horizon, que en cada oportunidad se toma un territorio diferente y lo convierte en el set de autitos de carrera más grande e imponente del mundo. En esta oportunidad, el festival llega al Reino Unido, el lugar donde Playground Games, el estudio detrás de la serie, está basado, por lo que ya tenemos una ventaja por sobre el resto: el amplio conocimiento del terreno sobre el que se trabaja.

Y nuestro rol en el juego será simplemente disfrutar de todo este mundo. En serio. La única gracia de la serie Forza Horizon es que mientras mejor lo pases, más avanzas y para eso, el juego tiene que estar tan lleno de opciones como sea posible.

El sistema central de este título radica en los puntos de influencia. Básicamente compites por convertirte en el piloto más influyente del mundo de Horizon para poder formar parte de su staff, y para ello, deberás demostrar que vales la pena y acumular estos puntos que en realidad son puntos de experiencia. El tema es que que el juego literalmente te da puntos por todo.

¿Te gusta coleccionar autos? Sumarás puntos en el track de coleccionista. ¿Te gusta descubrir caminos y avanzar en el mapa lo más posible? También ganas experiencia por eso. ¿Quieres hacer saltos, pruebas de velocidad, carreras a campo traviesa o en circuitos en la ciudad? Estás de suerte, porque todo eso te da puntos y en la manera que tu quieras. Incluso puedes ganar experiencia diseñando autos o haciendo streaming por Mixer, la plataforma propia de Microsoft. Es así de flexible.

Yo, por ejemplo, soy fanático de las carreras a campo traviesa, porque son las que más te permiten salirte del camino y apreciar los paisajes. Y literalmente jugué toda la primera parte del juego haciendo ese tipo de misiones y al haber llegado “al final”, no había visitado ni un tercio de todo lo que había desbloqueado en el camino.

Todo esto acompañado de gráficas muy coloridas y una eterna sensación de buena onda que simplemente está ahí para hacerte sentir bien. Si ganas la carrera o pierdes, no importa, el número de puntos que ganes variará pero siempre estarás avanzando. ¿Carreras muy difíciles? Bájale la dificultad y solo ganarás menos dinero. O al revés, si te sientes capaz, puedes subir la dificultad, eliminar algunos de los sistemas de ayuda a la conducción para hacerlo más realista y no solo te sentirás con un mayor desafío, sino que las recompensas serán más grandes.

Yo por lo general soy de los que piensa que darle demasiada libertad a los jugadores es la ruta más fácil del diseño, ya que tu identidad no se nota. Pero en Forza Horizon 4 es todo lo contrario. El mérito de Playgrounds es que entregan libertad, pero dentro de su contexto, es como si hubiesen pensado en cada tipo de jugador en el mundo y a cada uno le hubiesen dado algo que hacer.

Y además, hay cierta estructura, cierta razón para hacer todo esto.

En la primera parte del juego, debemos intentar formar parte del Staff de Horizon ganando influencia a través de las diferentes estaciones del año.

Por primera vez el juego traerá las cuatro estaciones, cada una con diferentes eventos y cambios en el mapa, tanto estéticos como en los lugares accesibles, y en el prólogo pasaremos por todas las estaciones. Para pasar del otoño al invierno, por ejemplo, tendremos que acumular cierta cantidad de puntos por nuestras acciones y además superar el Showcase que es una carrera especial contra rivales poco tradicionales como un tren o una lancha.

El cambio de las estaciones es efectivo, ya que está tan bien hecho que de verdad sientes que cada vez redescubres el mapa, o que estás frente a escenarios cambiantes. Esto es solo gracias al excelente trabajo gráfico que luce aun cuando lo esté jugando en la versión más básica de la Xbox One (la mía por ejemplo).

Luego de obtener “tu pulsera” del evento, se desbloquea la segunda parte, que es cuando ya estás listo para enfrentarte a la comunidad. Es cierto, puedes seguir jugando en solitario y el juego se sentirá igual de entretenido que cuando ahora puedas formas parte de las Forzathones, eventos diarios o por estaciones.

Lo interesante es que en el juego final, las estaciones, al igual que las reales, cambiarán con el paso del tiempo. Cada estación durará una semana dentro del servidor, y cada una contará con eventos propios, campeonatos, y desafíos contra el tiempo, que no regresarán hasta que vuelva a pasar cada estación, lo que sin duda está hecho para darle más vida al título. De todas formas, cada carrera puede editarse y subirse como un evento y ahí puedes escoger las condiciones que quieras: desde el tipo de autos que participan hasta si quieres que sea de día, de noche o la estación en la que ocurre, ideal para inviernistas o veranistas.

Y a todo esto, por si fuera poco, le agregamos una capa de personalización sin precedente: todo es personalizable a tu estilo: tu conductor, tu ropa, hasta el sonido de tu bocina y como todo juego moderno, bailes de celebración.

Estos se desbloquean con las ya clásicas ruletas, que si, son cajas de botín, lo que añade un tema de azar que puede llegar a molestar. A mi, por ejemplo, de pura suerte me salió al final de la última etapa antes de cerrar el prólogo, un automóvil Super Raro, con el que pude romper varios récords y con el que pude haber hecho el grindeo mucho más fácil. Pero tampoco es por mucho, y al final el juego lo pasé igual de bien, solo que da algo de rabia saber que hay tanto contenido oculto de manera aleatoria.

Pero más allá de este detalles y cosas como tener que ir a una casa o un garage para poder editar ciertos detalles de tu personaje y tu auto, en vez de hacerlo en el menú de pausa, son solo quejas menores para lo que es, a todas luces, el máximo exponente actual de los juegos de autos casuales.

Y repito, no creo que sea un juego de carreras, sino que una celebración a la dicha de conducir sea cual sea lo que quieras con ello: pasear por los fiordos del Reino Unido, hacer saltos imposibles, descubrir todos los caminos posibles o armando el garage más grande de todos.

Y a veces, claro, tendrás las ganas de echar más de alguna carrera, pero sabiendo que hagas lo que hagas, el camino hacia la influencia es inevitable.

Y si hay algo que agradecerle a los millennials es precisamente a enseñarnos que vivir solo por el placer a veces tiene cosas buenas y Forza Horizon 4 se eleva al máximo de su categoría ofreciendo un juego de autos que es capaz de encantar hasta a los que preferimos usar la locomoción colectiva.

Un juego imperdible y que vuelve a demostrar que, en conducción arcade, no hay nadie que haga el trabajo como Playgrounds, quienes cómodamente ya se llevan el puesto que en algún momento tuviese Need for Speed.

Seguir leyendo