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Review | Game Over, Man!: Una comedia con mucha química y poca importancia

23 MAR 2018 / Cine

Review | Game Over, Man!: Una comedia con mucha química y poca importancia

La primera película del equipo tras Workaholics es un homenaje a las clásicas películas de acción que requiere relajar la mente y dejar el celular a un lado


En la era del humor políticamente correcto, las dramedias y del “es gracioso porque es verdad”, pareciera que cada vez queda menos espacio para retroceder un poco en el tiempo y recordar cómo solíamos disfrutar de películas con premisas simples, chistes fáciles y escenas ridículas. Y en gran parte eso es porque quienes han llevado la bandera de este tipo de humor -los Adam Sandlers de este mundo- simplemente se han quedado repitiendo el mismo chiste una y otra vez, hasta volverlos predecibles y aburridos.

Game Over, Man!, la nueva cinta de humor que desde hoy puede verse en todas las cuentas de Netflix alrededor del mundo, es en ese sentido, un doble viaje al pasado. Lo es porque recoge precisamente el espíritu de las comedias clásicas que simplemente buscaban hacer reír, pero también lo hace haciendo un homenaje a las clásicas películas de acción con las que crecimos como Rambo y Duro de Matar.

Mezclar el humor con la acción es algo que ya se ha hecho en Hollywood porque ambos géneros operan con códigos muy parecidos, como la exageración de situaciones, la sorpresa y la rapidez con la que ocurren las historias. Por lo general, para que funcionen, se mezclan referentes de cada género como Jackie Chan Chris Tucker La Roca con Kevin Hart.

Pero en Game Over, Man!, los protagonistas no son precisamente personas a las que uno les confiaría la vida. De hecho, es todo lo contrario. Alexxx, Darren y Joel son un trío de sirvientes en un hotel en medio de Los Angeles, bastante holgazanes y que sueñan con algún día salir de las horribles vidas que les ha tocado vivir. Es, de cierta forma, un nuevo enfoque a los mismos personajes que los actores Adam DeVine, Blake Anderson y Anders Holm interpretaron durante siete años en la serie Workaholics, la comedia de TV que los llevó a la fama y que concluyó de manera definitiva el año pasado.

Y de cierta manera, hay mucho del humor de Workaholics alrededor de toda esta película. Sus protagonistas odian trabajar, aman las drogas y hablar de sexo más que concretarlo, lo que queda claro rápidamente en las primeras escenas. Y las conductas de los personajes son bastante similares. Alexx (DeVine) es el desordenado del grupo, el único que parece motivado a dejar la vida en la que están, aunque sin proponer nada bueno para hacerlo. Es el típico mal amigo que sabemos que tenemos que dejar, y que depende totalmente de Darren (Holm) y Joel (Anderson) para que ellos salven el día con sus ideas, aun cuando el primero tengo un serio problema con las drogas y el segundo lucha con la aceptación del grupo.

Hasta ahora, todo tranquilo. Pero la acción entra en escena cuando el Hotel recibe la visita de un millonario llamado Bey Awadi (Utkarsh Ambudkar) para dar una fiesta en la azotea del hotel. Oportunidad perfecta para que un grupo de terroristas decida infiltrarse en la fiesta, tomar como rehenes a los invitados y convertir a todo el edificio en una trampa mortal.

Es ahí cuando Game Over, Man! pasa a convertirse en este híbrido poco convencional más por sus protagonistas que sus propuestas. Más que ser una parodia de las películas de acción de los 80, es en realidad una versión torpe, tonta e inmadura de Duro de Matar, que sólo es diferente porque en vez de tener a un héroe musculoso, tiene a tres buenos para nada haciendo cosas absurdas.

Porque si el mismo hotel se hubiese quedado encerrado con Bruce Willis o Vin Diesel, la historia sería conocida. Pero acá contamos con un trío donde uno quiere hacerse el valiente -inspirado en las películas de acción- otro quiere planificarlo todo antes de actual y el tercero simplemente quiere rendirse apenas pueda. Este choque de personalidades es lo que termina haciendo que Game Over, Man tenga su propia personalidad: la de un niño con cara y presupuesto de un adulto. Lo único que realmente la sostiene es la química formada desde hace 13 años por Mail Order Comedy, la compañía de comedia formada por los tres actores y el director Kyle Newachek.

Y es que si bien la premisa tenía todo para funcionar, sobre todo considerando lo bien que funciona el elenco, todo queda un tanto arruinado en cuánto nos damos cuenta de la naturaleza del humor que tiene la película. Los diálogos fluctúan entre intercambios brillantes y muy naturales de sus protagonistas, pero también frases y escenas que parecen haber sido escritas por personas en su pubertad. Los chistes de la cinta serán mucho más efectivos si eres un adolescente, estás con resaca o te gusta ver televisión acompañado de sustancias alucinógenas (una de las razones por las que conviene mucho más que haya salido en Netflix y no en el cine).

Algo que en lo personal nunca me agrada mucho son las bromas con referencias a personajes actuales de la cultura pop, como varios de los cameos que aparecen en la cinta, como la del cantante Shaggy. Muchas de las bromas son graciosas en el contexto actual, pero pensando en el futuro, algunas lisa y llanamente ya no se entenderán, o habrá que entrar a Wikipedia para entender la referencia.

Pero al final del viaje, Game Over, Man termina siendo nada más que otra comedia desechable, con un par de escenas memorables gracias al factor sorpresa (hablamos de desnudos frontales, de muertes sacadas de películas gore y de cameos bastante chistosos) y que de cierta manera abusa de la libertad que hay en Netflix para publicar el producto que uno quiera. A veces las limitaciones del formato te obligan a, al menos, darle un sentido a lo que estás haciendo y Game Over, Man! se siente como un collage de escenas, chistes y bromas que probablemente alguna vez soñamos hacer cuando niños.

Lo cual es una verdadera lástima porque hay varias cosas para rescatar de este experimento: el ritmo de los chistes es rápido, los personajes, aunque exagerados, reflejan arquetipos que uno realmente puede ver en su entorno, como la necesidad de ser exitoso con el mínimo esfuerzo o celebridades que sólo tienen notoriedad gracias a redes sociales. Pero cada atisbo de una lectura inteligente del mundo actual, o incluso del género al cual están homenajeando, termina siendo arrastrado por chistes sobre condones, penes cercenados y abuso de drogas.

Porque eso es lo que finalmente uno termina viendo en pantalla, un montón de adultos que se creen niños jugando a hacer una película de acción mientras se hacen bullying entre ellos. A ratos divierte, a ratos exagera, a ratos es mucho y después se te olvida. Una película que sin duda quedará relegada al baúl sin fondo del contenido que está creando Netflix y que demuestra que si bien el talento del trío de Workaholics sigue estando intacto, es mucho mejor disfrutarlos en dosis pequeñas que tratando de darle un sentido a un delirio de niños inmaduros que no busca ser más que eso.

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