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Review | Hobbs & Shaw, la diversión de lo ridículamente explosivo

5 AGO 2019 / Cine

Review | Hobbs & Shaw, la diversión de lo ridículamente explosivo

El spin-off de Rápido y Furioso cuenta con una premisa más absurda de lo habitual para la saga, pero funciona completamente gracias a sus protagonistas.


Hobbs & Shaw es, de partida, completamente ridícula. Su propuesta narrativa radica en hacer que todo explote sin contemplaciones lógicas, para llevar a la franquicia de Rápido y Furioso a su propia frontera final.

En ese viaje, guiado por el deseo de llegar hasta donde ninguna otra película de la saga ha llegado antes, el equipo comandado por el director David Leitch (Deadpool 2) cruza una lluvia de bums, kabums y recontrabums que forjan una escalada de acción que no da respiro y permite embolinar la perdiz con una historia súper simple: los dos héroes musculosos son convocados para detener a una amenaza que tiene en su poder un virus mortal que podría eliminar a toda la humanidad.

Esa es la base de la historia escrita por Chris Morgan, quien ha sido el artífice desde Tokyo Drift y que aquí incluyó finalmente elementos de ciencia ficción sacados del sombrero. Para ser sinceros, cualquier otra producción se caería a pedazos haciendo eso último, especialmente al considerar los orígenes aterrizados de las carreras entre O’Conner y Toretto, pero como podrán prever por el título de esta reseña: esta no es esa clase de película. Para nada.

La gran gracia de Hobbs & Shaw es volver posible lo imposible, siendo clave el carisma de sus protagonistas, la química que se forja entre ellos y la forma en que se la juegan por ser el único macho alfa. Y aquí todo está en juego por la imposibilidad de que ambos hagan equipo.

En cualquier otra producción, los protagonistas correrían mucho riesgo luego de quedar en la mira de todas las agencias de seguridad del mundo, que es lo que aquí sucede por culpa de una gran conspiración que involucra a una megacorporación que quiere cambiar el destino de la vida sobre el planeta. Hobbs y Shaw, supuestamente, deberían tener al mundo en contra. Pero aquí ese no es tema, ya que ambos son los únicos que pueden salvar al mundo.

La redención de lo absurdo implica que esta sea la película de la saga de los Rápidos y Furiosos más autoconsciente, la que abraza más su ridiculez y que tiene claro que los personajes de Dwayne Johnson y Jason Statham tienen más del John Matrix de Comando que del John McClane de Duro de Matar. Jamás están en riesgo. Jamás se les puede tomar en serio.

Eso es clave para que sean factibles las proezas inhumanas que nos presentan frente a pantalla, enganchando completamente con el aspecto más de superhéroes que la franquicia principal de los Rápidos y Furiosos ya venía adoptando.

Solo así se puede dejar pasar que, en un momento de este spin-off, Hobbs sostenga a un helicóptero con una mera cadena en medio de una persecución a toda velocidad, que la confrontación final implique una batalla “de la vieja escuela” en suelo samoano en donde los machetes y danzas oceánicas doblegan a las balas o que el villano sea un malo de cómic y ciencia ficción alejado tres galaxias más allá de lo que se ha hecho previamente en el mundo de Rápido y Furioso.

El abrazar lo burdamente irreal de sus planteamientos, que incluyen además el hecho de que el personaje de Jason Statham solo sea dos o tres años mayor que su hermana, interpretada por una actriz que tiene 20 años menos, permiten que Hobbs & Shaw sea más rápida que nunca, más furiosa que el resto y más divertida que todas las secuelas que llegaron al cine luego de que la franquicia llegó a su propio Everest con Fast Five.

El villano interpretado por Idris Elba es clave para asumir toda la ilusión, especialmente con sus secuencias en motocicletas más propias de los G.I. Joe de Stephen Sommers, y Vanessa Kirby está muy bien a la hora de ponerse a la par de los otros héroes de acción que tiene al frente, pero también lo es la dirección de David Leitch. Él le saca el jugo a los momentos que desencajan la mandíbula, especialmente a las más insólitos, pero también a las peleas a puñetazos que no se olvidan de ser tontorronamente graciosas en algunas instancias.

En este spin-off todo está asumido como una película de acción con misiones alrededor del mundo a lo James Bond, pero con humor bobalicón y un foco más cercano a los Looney Tunes en las secuencias explosivas. De hecho, solo les faltó el yunque marca ACME para tener la guinda de la torta.

A la larga, si Hobbs y Shaw no vuelven nunca más a una película de Rápido y Furioso, y se quedan con su propia franquicia de acción ridículamente explosiva, no me quejare. De hecho, lo peor sucede justo cuando intentan seguir más a la historia central y vuelven a meter con forceps temas de familia, razón por la que se siente una baja notable una vez que la historia se traslada a Samoa para presentarnos a la familia de Hobbs. Cuando intentan darle más sustancia, todo tambalea. Romper el compromiso ya hecho, de abrazar su gloriosa tontera.

 

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