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Review | Cementerio Maldito, una reinvención efectista

4 ABR 2019 / Cine

Review | Cementerio Maldito, una reinvención efectista

La nueva adaptación de la novela de Stephen King cambia elementos clave para diferenciarse, pero no logra que su propuesta cuaje del todo.


La nueva película de Cementerio Maldito (Pet Semetary) probablemente funcionará mejor para todos aquellos que no han leído el libro de Stephen King ni tampoco han visto la adaptación de 1989. Mientras menos sepan de la historia, mejor.

Tocando las teclas precisas para convertirse en caldo de cultivo de las pasiones de todos aquellos que disfrutan del terror masivo hecho en Hollywood, que generalmente está decorado con una sucesión de tradicionales saltos de ruidos estridentes, esta Cementerio Maldito, en términos generales, funciona de forma eficiente en lo que concierne a los elementos técnicos cinematográficos que la componen.

El gran pero radica en su narrativa efectista, que deja un relato sobre la pérdida, la pena y la muerte a medio camino, en una propuesta que no cuaja a la hora de constatar qué diablos esta película quiere contar por su propia cuenta. Más aún, eso reflota aún más al constatar algunas decisiones que están ahí solo para impresionar con giros que no están bien construidos.

La causa está en aquellas decisiones que no logran ocultar que sus responsables batallaron siempre contra el espejo de lo ya existente. De ahí que esta nueva Cementerio Maldito tropieza en más de un aspecto por sus ansias de diferenciarse tanto del libro como de la película anterior. Y eso es de lo que menos tenían que preocuparse, ya que cuando uno se preocupa de las comparaciones odiosas, pierde el camino de su propia propuesta.

Por un lado, técnicamente, esta producción de terror dirigida por Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, quienes previamente colaboraron en Starry Eyes, crea un escenario y una atmósfera bastante atractiva, ya que sus realizadores cuentan con todos los recursos con los que no contó la película de 1989, creando así un ambiente tétrico en los sets.

Desde el primer minuto queda claro que sus productores consiguieron el dinero necesario para armar un llamativo entorno para rodear a la familia Creed, quienes se trasladan hasta un hogar cuyos terrenos ocultan un secreto oscuro arraigado en la tierra misma, que más allá de sus inmediaciones es completamente agría por razones que no debiesen constatarse.

En ese escenario, Louis (Jason Clarke) y su esposa Rachel (Amy Seimetz) buscan una mejor vida para su familia, ya que el progenitor quiere pasar más tiempo con los suyos. Pero una sucesión de hechos comienza a dejar en claro que quizás no fue una buena idea trasladarse a su nueva casa. De hecho, una vez que la hija, llamada Ellie, se topa con un cementerio de mascotas, y una tétrica procesión de algunos niños lugareños, queda claro que existe una fuerza primigenia que empuja al grupo familiar rumbo a la tragedia.

El resto, para todos los que conocen la historia de King, sigue el esquema tradicional. El gato de la familia sufre un accidente y un vecino, que en la nueva versión es interpretado por el gigante John Lithgow, lleva a Louis a enterrar a la mascota en un lugar que trae de regreso a todo lo muerto de una forma diferente. De ahí que esta película remarca que a veces la muerte es lo mejor.

La puja por la diferenciación es lo que mueve a este remake, con un llamado que invita a volver a experimentar la historia de puntos conocidos, pero poniendo sobre la mesa una opción que cambiar la historia base en un punto central sobre la familia Creed.

Sin entrar en mayores detalles, pese a que el tráiler lo revela, dicha modificación clave funciona en algunos aspectos, pero también termina contaminando todo el último tramo de la película. Especialmente en lo que concierne al cambio de creencias que sufre Louis y el tratamiento que se hace sobre la negación, que siempre se denomina como la primera etapa del duelo.

También se trata de una decisión que eclipsa todo lo que hace la producción en algunos elementos secundarios, como lo relacionado al pasado de Rachel, que involucra elementos más asociados a la ira y la depresión, pero que a la larga involucra a motivaciones que quedan bastante en el aire.

Más allá de los saltos ruidosos realizados en el momento indicado, el buen nivel de producción en la creación de sus escenarios o la fortaleza de la interpretación de Jeté Laurence, quien da vida a la pequeña Ellie, esta nueva versión de Cementerio Maldito se queda más en sus pretensiones que buscan impresionar, siendo más efectista que efectiva, y tampoco logra ocultar el hecho de que en realidad esta película no es tan atemorizante como se quiere vender.

De eso último se olvidan sus realizadores, ya que constantemente están más preocupados de su ansia por flamear aquella bandera que busca establecer que son diferentes a lo que Stephen King escribió en el papel y lo que el propio autor adaptó para el guión de la anterior película. Pero si eso último a ustedes les importa un comino, pueden volver al primer párrafo de esta reseña.

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