*

Review | Sekiro: Shadows Die Twice, la gloria en la muerte

24 ABR 2019 / Reseñas

Review | Sekiro: Shadows Die Twice, la gloria en la muerte

El nuevo videojuego de From Software implica una frustrante experiencia que entrega una gran satisfacción en cada trabajada victoria.


Sekiro: Shadows Die Twice, la nueva propuesta del estudio tras la saga de Dark Souls, a grandes rasgos nos… perdón. Acabo de morir.

Sekiro: Shadows Die Twice, la nueva propuesta del estudio tras la saga de Dark Souls, a grandes rasgos nos lleva a tomar el control de un shinobi, un “lobo de un solo brazo”, un guerr… no. Lo lamento, perdí otra vez. Volvamos a comenzar.

Sekiro: Shado… Argh. Iniciemos esto otra vez.

Sekiro: Shadows Die Twice, la nueva propuesta del estudio tras la saga de Dark Souls, a grandes rasgos nos lleva a tomar el control de un shinobi, un “lobo de un solo brazo”, un guerrero sin maestro que, tras una humillante derrota, está en búsqueda de venganza contra un clan que secuestró a nuestro joven señor samurai. Listo, creo que ya le agarré el vuelo.

Lo que propone este juego nos llevará a emprender, entre otras cosas, acciones de sigilo, mientras nos trasladamos con ganchos por los cielos, escalamos edificaciones y, entre muchas otras formas de combate, despachamos por sorpresa a los rivales que impiden el avance en nuestro camino.

La muerte, en ese escenario, es la única constante en esta experiencia que nos presenta un reino con elementos de folclore japonés, en donde se multiplican los guerreros e inclusive generales monstruosos. Es ahí en donde el dolor del guerrero protagonista se traslada a la experiencia de cada jugador. Quizás por eso también debe ser frustrante ver videos de Youtube en donde tipos despachan con facilidad a enemigos que a uno le causan dolores de cabeza. Por eso Sekiro nunca será igual para todos.

Jugar Sekiro: Shadows Die Twice es frustrante para todos aquellos que no están dispuestos a sumergirse en una propuesta que no solo entrega una rica historia, sino que también nos convoca a sumergirnos de lleno en su gameplay. Se trata de uno que retrata el corazón mismo de su apuesta que avanza de la mano del ritmo de las batallas de espadas, una redención que costará para ser ganada y la putrefacción de tener una sola oportunidad para morir sin perderlo todo.

Por ejemplo, cuando todo el sigilo no resulta, tenemos que enfrentarnos, cara a cara, a enemigos en duelos de espadas que requieren no solo acostumbrarse a cada técnica de combate que poseemos en nuestro arsenal, sino que también a mediar la distancia y los ataque de los rivales para ejecutar un parry del que dependerá si vivimos para contarlo.

Defender, defender y luego atacar con la espada en el momento exacto es clave para avanzar a través de su mapa lleno de peligros, pero también hay que mediar la ubicación y el estilo de combate de cada rival para romper las guardias, acostumbrarse a los controles y entender el timing de cada enfrentamiento que nos entregará una oportunidad para asestar el golpe de la espada en el momento justo.  Todo ese proceso, y entender los pormenores de su propuesta, no implican una mejoría de por si.

Claro, el tiempo dedicado a Sekiro: Shadows Die Twice es clave, y el juego maneja muy bien el cuándo y el dónde entregarnos un tutorial para cada nueva habilidad que desbloqueamos, pero el proceso de aprendizaje no implica una línea recta, por lo que más que nunca es una curva de distinto tenor para cada jugador, y eso refleja la propia ruta que emprendemos al tomar el control de nuestro protagonista. Lo único seguro aquí es que uno muere, y mucho, y su experiencia está diseñada para que ningún camino sea el mismo.

Con los combates cuerpo a cuerpo al centro de su propuesta, Sekiro: Shadows Die Twice también va modificando la propia experiencia de los enfrentamientos, ya que aunque al comienzo basta con un solo golpe fatal, rápidamente los enemigos incrementan la dificultad exponencialmente y nos obligan a mejor la sincronización de nuestra postura defensiva con la ofensiva, para atacar con múltiples ataques sangrientos de rivales que en ocasiones nos dejan en claro que no van a caer así como así. Si te equivocas en ese proceso de acción y de reacción, pues a esta altura ya lo sabes, la muerte y la frustración se vuelven una continua compañía en este juego de From Software.

Aunque creo que nunca me sentiré a gusto con el particular ritmo de un título como este, es inevitable destacar que el juego alcanza categoría de obra maestra cuando, más allá de las mecánicas de combate, el uso del joystiq o las claves de desplazamiento para enfrentar a cada enemigo de su forma particular, el videojuego nos entrega una pulida ambientación en donde el trabajo de la música y los diseños son notables. De hecho, la forma en que está recreado el Japón medieval impulsa el relato que se arma con cada movimiento desde que nos obligan a salir de un agujero. Lo que viene a continuación es adentrarnos en un frustrante hoyo sangriento con forma de castillo en donde los peores enemigos tienen los diseños y mecánicas más bellas.

También es cierto que la satisfacción que se siente al lograr hacer caer a un enemigo, que nos tomó docenas de intentos para siquiera agarrarle la onda de su estilo de ataque, entrega una experiencia mucho más cercana a la vieja escuela que a la norma actual en donde las compañías de videojuegos intentan evitar la frustracción de sus jugadores. De hecho, la propia forma en que este juego se relaciona con la muerte se entrelaza con el gameplay que nos da múltiples mejores para que afrontemos la escalada de combates.

Además, como la muerte es una constante, que nos lleva a perder experiencia y dinero, Sekiro también entrega la posibilidad de revivir inmediatamente tras una muerte, lo que da una segunda oportunidad para intentar derrotar al enemigo que nos mató. Por eso el título mismo de Sekiro hable de que “las sombras mueren dos veces”. Si fallamos en el objetivo, reapareceremos en la última escultura en la que guardamos nuestro avance y habremos perdido todo el avance.

La gracia es que el uso de la habilidad de resurrección tiene un costo, pero no para nosotros. Resucitar implica contaminar el mundo que nos rodea, lo que transforma al protagonista en una plaga. Y ese detalle es oro puro, ya que la búsqueda del honor del personaje principal no evade el hecho de que la guerra, aunque esté justificada, es algo sucio que hace del mundo un peor lugar.

Sekiro: Shadows Die Twice cuenta con un sólido apartado en lo que compete al diseño de cada lugar y enemigo que vamos tppándonos en este mundo marcado por un honor resquebrajado que se refleja en el propio escenario del clan que debemos hacer caer. From Software nos guía por un mundo confinado por los peligros, una experiencia delimitada por nuestras propias habilidades, pero que en ningún caso representa algo que sea inaccesible debido a la dificultad que implica. Y eso es lo que provoca que la sucesión de muertes eleven cada trabajada victoria en este cautivante desafío.

Seguir leyendo