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Review | Shadow of the Colossus sigue siendo una obra maestra

El remake de Playstation 4 justifica completamente su existencia en el retorno de uno de los juegos más monumentalmente memorables.

Más que en el ámbito cinematográfico, generalmente en los remakes de videojuegos existe un prejuicio no menor que apunta a una sola idea: están intentando meter nuevamente la mano al bolsillo con una experiencia idéntica al original, que solo apunta a aquél público que no vivió previamente la experiencia.

A diferencia de lo que sucede en las películas, en donde rara vez se dan réplicas exactas, y quizás el mejor ejemplo es el remake de Psicosis, en los videojuegos siempre la ruta avanza sin mayores cambios. A grandes rasgos, apelan a explotar la gallina de los huevos de oro sin arruinarla. Pero ciertamente no todos los juegos merecen ese tipo de actualización visual, ni su propuesta justifica tal enchulamiento.

Con la nueva versión de Shadow of the Colossus para Playstation 4, en Sony barren con el piso con ese prejuicio, ya que la apuesta del juego original es tan buena, está tan lograda, que definitivamente no hay forma en que esto quede como un mero intento de usufructuar de un éxito que ya fue, solo por contar con gráficos en alta definición.

Más aún, el videojuego de Playstation 2 es una obra maestra, uno de los juegos de esa consola que derrotan el paso del tiempo sin problemas, y tanto su diseño como su gameplay no han envejecido desde su lanzamiento original.

Como toda obra maestra atemporal, Shadow of the Colossus es más que una mera representante de una época que ya fue, pues hasta el día de hoy tiene argumentos para estar incluida en una lista de los mejores juegos de todos los tiempos. Por eso esta nueva actualización gráfica no es una simple capa de pintura para realzar su fachada, ya que no busca esconder pifias de su presentación. Por el contrario, resalta la majestuosidad de aquella propuesta perfecta ideada originalmente por el Team Ico.

Esta remodelación realizada por Bluepoint Games entrega una experiencia total, aún si conoces a la perfección las modalidades para eliminar a cada uno de los colosos que tenemos que enfrentar en el juego. No hay problema para gozarla aún si sabes qué pasos seguir desde el instante en que te topas con el primer gigante bípedo, escalando desde sus piernas hasta hacerlo caer a espadazos en la cabeza.

En ese sentido, pese a algunos pequeños agregados tanto en cinemáticas como en extras de recolección, el juego no fue cambiado drásticamente y eso juega a favor de una idea como esta, que entrega detalles visuales luminosos en comparación al original. Pero no se queda solo ahí, el trabajo de recuperación de las mecánicas está tan bien hecho, que valida las expectativas de un número no menor de jugadores que espera que otros antiguos clásicos sean traspasados a la nueva generación de gráficos.

La historia también sigue la idea original de este tradicional cuento de hadas lúgubre, ya que nuestro héroe debe realizar actos de heroismo extremo para cumplir su gran objetivo: devolver la vida a su damisela.

Pero claro, como suele suceder, hay travesías que no deberían emprenderse y poco a poco, a medida que eliminamos a cada uno de los 16 colosos que nos topamos en el camino, las garras de la oscuridad literalmente van dejando en claro el alto costo que tiene la tarea de resurrección que emprendemos en esta tierra prohibida donde descansa cada titán.

Sacrificio, engaño, muerte y la determinación para salvar a quién amas. Todos esos temas del original siguen estando presentes en esta nueva entrega, que mantiene el entorno minimalista de la aventura. Claro, el mundo de las tierras prohibidas que exploramos es extenso, y las cabalgatas en nuestro equino acompañante dotan de virtuosismo visual cada galope de exploración, pero este juego no implica grandes peligros secundarios o amenazas que desvían la acción en logros secundarios. No, solo recalca la diferencia con esas apuestas contemporáneas rellenas de cosas solo para intentar darse más importancia.

En ese contexto, la mayor fortaleza de este videojuego sigue siendo el proceso de eliminación de cada coloso. Lo diferente que cada bestia gigantesca es y cómo se diferencian entre si en cada encuentro. De hecho, la forma en que están organizados esos enfrentamientos también realza su propuesto. En el primer tercio de la aventura nos encontramos con gigantes bípedos, cuadrúpedos, voladores e inclusive acuáticos. Cada uno con su propia táctica y procedimiento especial para enfrentarlos.

Aún así, el remake modifica elementos del control en lo que concierne al orden de los botones (las opciones ahora son moderno, moderno remapeado, clásico y clásico remapeado), pero de inmediato queda claro que su objetivo es sacar más provecho a cada encuentro con un coloso y la experiencia misma de desplazarse en cada terreno que exploramos.

Cada uno de estos choques, tal como en el original, sigue instalándose como un ejercicio en donde se debe reconocer un comportamiento específico, para luego proceder a agarrarse con uñas y dientes para apuñalar en sigilo los puntos claves de cada enemigo. Todo eso mientras su barra de energía se vacía abruptamente con cada estocada certera. Una maravilla.

Quizás por eso lo que más perdura de este juego es que cada encuentro con un coloso es recordable. Desde el estudio metódico de los puntos débiles al proceso mismo de eliminación en el que hay que aferrarse con ganas, Shadow of the Colossus está conformado por elementos que transforman a su pieza completa en algo memorable. La primera vez que te aferras a un coloso volador y surcas los cielos en tu intento por darle caída, representa uno de los tantos ejemplos que tiene este juego para validar a los videojuegos como una experiencia de interacción que no puede ser replicada en ningún otro medio audiovisual.

Además, la modernización gráfica de Shadow of the Colossus no compromete ni la visión original del Team Ico ni la forma en que un jugador puede acercarse a una obra como esta. Claro, los elementos artísticos de diseño están completamente rehechos, y su propuesta visual se ajusta a lo que se espera de un juego de Playstation 4, pero los ajustes de Bluepoint Games no cambian drásticamente la experiencia. A grandes rasgos, solo buscan mejorarla.

En ese sentido, hay varios chiches visuales que pueden obtenerse al poseer una PS4 Pro, como una resolución 4K a 60 fotogramas por segundo a 1080p, pero como esa opción no es masiva, tampoco le importará a un número mayor de jugadores. Al mismo tiempo, también se puede pausar el juego en el momento que quieras para sacar fotografías a placer. Son extras que buscan validar el costo de este remake, pero que tampoco son trascendentales. Lo que importa es el juego en si y esa es su gran fortaleza.

El gameplay, la joya de la corona, sigue siendo el corazón que bombea la vida a este juego con el que uno se queda corto en los apelativos. Épico, impresionante y emocionante. Más notable aún, una apuesta que transporta nuestra imaginación a otro mundo, dándonos un rol que poco a poco nos hace dudar de si la misión es realmente la correcta.

Shadow of the Colossus sigue siendo una obra maestra y, más allá del precio de costo de esta actualización, nos enfrentamos a una nueva propuesta que solo realza a este título como un imperdible. Es imposible bajarle el dedo a la posibilidad de que toda una nueva generación viva esta aventura o al hecho de que las mandíbulas igual se sigan desencajando entre aquellos que conocen este videojuego al revés y al derecho. Claro que estos últimos no lo hacemos por el asombro ante sus gráficos, sino por su experiencia completa. Esa es la lección que tienen que aprender todas las compañías que a futuro sigan avanzando por las rutas de los remakes.

Hay aval suficiente para justificar con creces la posibilidad de sacar la espada, apuntar con el arco, cabalgar a Agro y ser reducido ante el gigantesco tamaño de los enemigos. Tan gigantes como la reputación de uno de los mejores juegos disponibles en cualquier consola de Sony, en el ayer, en el hoy y en el mañana.

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