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Ricardo Meruane y el manual del fracaso perfecto

22 FEB 2018 / Nostalgia Pop

Ricardo Meruane y el manual del fracaso perfecto

Revisamos ambas rutinas presentadas por el calvo humorista en el Festival de Viña y obtuvimos los tips perfectos para asegurar las pifias y un muy mal rato.


Dicen que de fracasos y de malos momentos se alimenta el monstruo, esa bestia mitológica que habita en la Quinta Vergara y que con el tiempo se ha ido amansando y domesticando ante el fanatismo de sus artistas. Cada vez es más difícil hacer rabiar a la bestia que da vida el Festival, la que con el tiempo se ha vuelto más vieja y regalona, entregando galardones y aplausos a destajo.

Por lo mismo, cuando un artista fracasa en Viña, es un caso que vale la pena estudiar. Pero si lo hace dos veces en tan solo cinco años, entonces ya podemos hablar de maestría. Ese artista tiene un solo nombre: Ricardo Meruane. El humorista, resabio de la época de los cuentachistes noventeros, fue sacado de su cámara de criogenización para intentar hacer reír a la Quinta en dos ocasiones, ambas muy distintas, pero ambas con el mismo resultado: un fracaso rotundo.

Es por eso que en Mouse tuvimos la genial idea de revisar las rutinas y encontrar los detalles que pueden llegar a definir el fracaso perfecto, las cosas que sin lugar a dudas tienes que tomar en cuenta si tu propósito en la vida es subirte al escenario de Viña y convertirte en un delicioso bocadillo para El monstruo.

1- Asegúrate de salir después del artista más importante del certamen

Gran parte del primer fracaso de Meruane en el año 2011 se debió a que el público pedía a rabiar el regreso de Sting, sin duda el artista más relevante de ese año y quien realizó, de manera muy inglesa, su show pactado, tomó sus cosas y se fue. Algo que para un público acostumbrado a los bis y a manipular al artista hasta más no poder, no estaba acostumbrado. Así que el público hizo lo que mejor sabe hacer: pifiar. Pifiar con todas las ganas del mundo, aun cuando Sting probablemente ya estaba en el hotel.

Desde la salida de Sting hasta la entrada de Meruane pasaron casi 40 minutos -toda la competencia internacional de hecho- y aún así el público estaba intranquilo. Y sabiendo que tienes ese ambiente en tu contra, lo peor que puedes hacer es reírte de ello. “No se preocupen chiquillos, Sting va a volver… como en 3 años más” dijo Meruane bien entrado en su rutina. Probablemente fue su mejor chiste de la noche, pero también la lápida que finalizó sus chances de sobrevivir.

2- Comienza tu rutina de la peor forma posible

Pero no podemos darle todo el mérito a Sting. Meruane también hizo de lo suyo para pavimentar su estrepitosa caída. Y lo hizo desde el comiezo. No sabemos si fue fruto de los nervios o de no haberse preparado, pero esta es una transcripción textual de lo primero que dijo Ricardo Meruane al entrar al escenario:

Como están, buenas noches, que tal. Hola, como están, buenas noches, que tal. Hola que tal, cómo están. Como están. Como estamos. Como estamos. Que tal, buenas noches. Hola. Gracias, gracias. Bueno. Gracias.

Su primer chiste fue el ya mítico champú de pirañas. Y las primeras pifias con ganas. Luego, comentarios tan fuera de época como “Se han puesto de moda los chistes de gallegos” o incluso tratar de interactuar con la Quinta preguntando “¿Hay algún chileno?” a lo que obviamente resonó un gran y profundo NOOOO. Fue, literalmente, todo lo malo que había que hacer.

3- Conviértete en meme

La rutina de Meruane tuvo un total de 144 gracias, pero sin duda la frase que se volvió más famosa fue el “Gracias, gracias, no se molesten”, que terminó convirtiéndose en un meme que hasta el día de hoy es sinónimo de algo absolutamente fome. Y es que el meme es la manera de perpetuar tu fracaso e identificarlo con tu rostro. Todos saben que Vanessa Miller o que Óscar Gangas alguna vez fueron pifeados en Viña, pero nadie recuerda muy bien por qué. El fracaso perfecto requiere que la gente te asocie de alguna manera a tu noche maldita, y el meme de Meruane se encargó de hacer precisamente esto: convertirlo en el ícono de lo aburrido.

4- Consigue una segunda oportunidad y arruínala por completo

Cinco años después de aquella trágica noche, a Ricardo Meruane se le volvió a dar una oportunidad, tal como ya ha pasado otras veces en la Quinta. Óscar Gangas, por ejemplo, fue uno de ellos, quien se fue antorchado el 2011 tras llevarse una de las pifeaderas más grandes que la Quinta recuerde en el año 98.

El escenario esta vez, era totalmente favorable: estaba en la noche final, junto a artistas como Don Omar, Wisin Javiera Mena, claramente números mucho menos potentes que Sting. La noche final es además, casi siempre una noche más tranquila, bailable, sin competencia folclórica ni rellenos demasiado complicados. Y el humorista ya habría visto a los otros cinco humoristas invitados como para tantear y arreglar su rutina.

Y la verdad es que todo partió sumamente bien.

El público lo recibió entre aplausos, atento a lo que tenía que decir y con un Meruane dispuesto a molestarse por su propia derrota. Hubo risas, complicidad de la gente y muchos quiebres de aplausos. Se trataba de una rutina de humor contingente, algo fome, y lenta, es cierto, pero hacía reír. Los temas de la colusión y la política hacían gozar a un público que había ido a pasarlo bien a la Quinta Vergara.

Pero algo pasa cerca de los 10 minutos de la rutina. Meruane vuelve a mostrar lo peor de si. Se pone fome. Latero. En vez de contar chistes, se puso a reclamar como un viejo en un almuerzo de domingo, o un taxista con el que estás encerrado en un taco. De pronto nos dábamos cuenta que la paciencia se agotaba. A los 16 minutos de rutina, la indiferencia se convirtió en pifias y la incomodidad volvió a la Quinta. A los 18 minutos, el público comenzó a pedir la Gaviota, obviamente de manera irónica, pero también, porque querían forzar la salida de los animadores y hacer que todo terminara. El trolleo estaba completo. 

5- Si te ofrecen una salida fácil, no la tomes

Pero el paso más importante de todos, para sellar este fracaso perfecto, es que siempre tienes que pensar que es tu objetivo final, y nunca aceptar una salida que podría haber ahorrado 20 minutos de sufrimiento. Esto pasó tras los 30 minutos de presentación, suponemos, el mínimo pactado por contrato, que es cuando Rafael Araneda y Carola de Moras hacen su ingreso al escenario. Dan un discurso sobre la valentía y sobre lo difícil que es hacer reír, y ese era precisamente, el momento para huir.

El público pedía la gaviota, como una suerte de premio al esfuerzo que Meruane no estaba dispuesto a aceptar. Y aquí es cuando ocurre el momento clave: Meruane le responde a los animadores “Si quieren seguimos otro rato y vemos si me la merezco“. En ese momento, toda la Quinta gritó NOOOO al unísono, pero dio lo mismo. El calvo humorista estuvo 20 minutos más arriba, aun más fomes que los anteriores. Fue una clase de contra-trolleo en su máximo estado, pero también, la prueba definitiva de que Ricardo Meruane fue al Festival con un solo objetivo: lograr el fracaso perfecto.

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