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Review | El Hombre Invisible, una buena actualización del clásico

2 MAR 2020 / Cine

Review | El Hombre Invisible, una buena actualización del clásico

Tras desechar la realización de su "Dark Universe", Universal Pictures concretó una versión menos pirotécnica, pero no por eso inefectiva, de uno de sus clásicos monstruos.


De no ser por el final, que no está a la altura del manejo narrativo presente en todo el resto de la película, la nueva versión de El Hombre Invisible sería un buen golazo. Eso no quiere decir que esa situación le baje los bonos, ya que un gol es un gol después de todo. Pero para entenderlo, hay que establecer que la suma de todos sus componentes terminan sosteniendo bastante arriba a una propuesta que termina instalándose como una notable actualización de un concepto tan clásico, que se ha vuelto clave a lo largo de la historia del terror cinematográfico.

El hecho de que la película logre revitalizar a la idea no es algo menor, ya que no solo la historia ha sido contada en varias ocasiones en la pantalla grande, sino que también la versión de Paul Verhoeven ya había actualizado muy bien al clásico de H. G. Wells.

Lo llamativo aquí es que en, esta ocasión, el equipo involucrado en su realización se las ingenió para concretar un giro apropiadamente contemporáneo: el del terror patente de una relación abusiva. Más aún, es una que que parece no tener fin, aún después de la muerte.

Con el director director Leigh Whannell manejando los hilos del suspenso sólidamente, especialmente en el uso de los espacios en los tiros de cámara, a lo largo de su relato se instalan una serie de señales mínimas sobre esta presencia acosadora que poco a poco elevan las cotas de terror asfixiante, en el que obviamente la tecnología de nuestras comunicaciones tiene algo que decir. . Pero también surgen dos factores clave en esta realización, que son los que la elevan por sobre la media.

De partida, se trata de una producción sin un gran presupuesto, ya que bajo el amparo de la productora Blumhouse, esta historia sigue la tónica del gasto acotado que requiere que el ingenio supla lo que en las grandes producciones se tapa con billetes desbocados. Lo invisible aquí acecha de formas sutiles, pero no por ello menos atemorizantes cuando no está muy claro lo que está realmente en juego. Al mismo tiempo, da pie a que las grandes revelaciones que sí requieren efectos funcionen a la perfección. Menos es más y a eso aquí le sacan el partido absolutamente.

Lo otro tiene relación inevitablemente con Elizabeth Moss, quien interpreta a la inestable protagonista: Cecilia. En los primeros minutos de la película, la vemos actuando silenciosamente, mientras genera la última etapa de su escape desde la gran mansión que comparte con su esposo, Adrian (Oliver Jackson-Cohen, The Haunting of Hill House). Lo que sigue a continuación es su decisión de poner fin a una relación con un tipo evidentemente violento, que controlaba todo aspecto de su vida, para trasladarse hasta un lugar en el que no podrían dar con su paradero.

Pero ella sigue traumatizada, no confía en nada y solo la noticia de que Adrian se suicidó, comienza a cambiarle la vida un poco la vida. Obviamente, siendo esta una película de El Hombre Invisible, comienza a enturbiarse el panorama una vez que diversas señales comienzan a darse y Cecilia ve cómo le ocurren situaciones implausibles. Una vez que ella se convence de que siguen tras su pista, todo su entorno comienza a dudar de su sanidad mental. Y eso es algo que ya estaba en duda debido al trauma que había vivido.

Lamentablemente, teniendo en cuenta ese avance narrativo, que inevitablemente tiene que pagar con las expectativas pre-establecidas al abordar una historia de un hombre invisible, la opción aquí no es explorar el terreno difuso de cómo el resto enfrenta a alguien con estrés postraumático. Obviamente queda claro que realmente hay algo ahí que no se ve.

En todo ese panorama, igual la película tiene momentos cautivantes, especialmente en términos de manejo de cámara y ritmo, para volverse una experiencia incómoda. Sumen un sólido trabajo musical, a cargo de Benjamin Wallfisch (Blade Runner 2049, Shazam), y el resultado es una propuesta que saca partido a la intención de explorar los ribetes abusivos, pese a que las consecuencias psicológicas podrían haber dado para más, especialmente en el cómo las víctimas se sienten invisibles. Todo eso funciona cortesía de la labor de Moss con su actuación.

A la larga, uno como audiencia nunca pone en duda la posibilidad de que sí habrá alguien invisible en una película de este tipo. Pero el potencial estaba ahí para hacer aún más, para jugar con la narrativa, para poner en duda lo que está sucediendo o si todo está en la cabeza de su protagonista. Algo de eso ahí, pero las fichas también estaban puestas hacia otro lado.

Un último apunte para finalizar: Sí, esta nueva iniciativa es mil veces mejor que la versión de La Momia que tuvo el logro de matar al “Dark Universe”, que planeaban hacer en Universal Pictures con sus clásicos personajes, antes de que siquiera naciera. Este es el camino que debiesen seguir.

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